Muere Glen Hansard, el alma de Once y la voz detrás de una de las bandas sonoras más inolvidables del cine

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El mundo del cine y la música despide a Glen Hansard, cantante, compositor y actor irlandés que conquistó a millones de espectadores con Once (2007), una de las películas independientes más queridas del siglo XXI. Hansard falleció a los 56 años tras sufrir un accidente de motocicleta en las afueras de Dublín, según confirmó su equipo de representación.

Aunque desarrolló una sólida carrera como líder de la banda The Frames y posteriormente como solista, para buena parte del público siempre será el músico callejero de Once, una película pequeña que terminó convirtiéndose en un fenómeno mundial gracias a la honestidad de su historia y, sobre todo, a una banda sonora que hoy es considerada una de las mejores del cine contemporáneo.


El corazón de Once

Estrenada en 2007 y dirigida por John Carney, Once contaba la historia de dos músicos que se conocen en las calles de Dublín y encuentran en la música una forma de expresar aquello que no pueden decir con palabras.

Hansard no solo interpretó al protagonista; también compuso, junto a Markéta Irglová, las canciones que daban vida a la película.

El resultado fue una de esas raras ocasiones en las que la música no acompaña la historia: es la historia.

Canciones como Falling Slowly, When Your Mind’s Made Up, Lies o Leave convirtieron a la película en una experiencia profundamente emocional que trascendió el cine independiente y encontró un público en todo el mundo.

En 2008, Falling Slowly ganó el Óscar a la Mejor Canción Original, imponiéndose a producciones de mucho mayor presupuesto y convirtiéndose en uno de los momentos más memorables de aquella ceremonia.


Una película que terminó convirtiéndose en un clásico

Realizada con un presupuesto muy modesto y protagonizada por dos músicos sin una gran trayectoria como actores, Once parecía destinada a ser un pequeño éxito de festivales.

Ocurrió exactamente lo contrario.

El boca a boca convirtió la película en un fenómeno internacional. Su autenticidad, la química entre Hansard e Irglová y una banda sonora extraordinaria hicieron que encontrara un lugar privilegiado entre las películas románticas más recordadas de las últimas décadas.

Años después, la historia dio el salto a Broadway en forma de musical, donde también cosechó un enorme éxito y ganó varios premios Tony, confirmando que el legado de Once iba mucho más allá de la pantalla.


Mucho más que Once

Antes de alcanzar la fama internacional, Glen Hansard ya era una figura fundamental de la música irlandesa.

En 1990 fundó The Frames, una de las bandas más influyentes del rock alternativo de Irlanda, con la que publicó varios discos aclamados por la crítica.

Tras el éxito de Once, continuó su carrera junto a Markéta Irglová bajo el nombre de The Swell Season, además de desarrollar una prolífica trayectoria como solista.

También colaboró con artistas como Eddie Vedder, participó en bandas sonoras cinematográficas y mantuvo una intensa actividad benéfica, especialmente en iniciativas destinadas a apoyar a personas sin hogar en Dublín.


Una voz imposible de confundir

Hansard nunca fue el cantante más técnico ni el músico más virtuoso.

Su mayor fortaleza era otra: la capacidad de transmitir emoción con una honestidad poco común.

Su voz áspera, sus interpretaciones intensas y unas letras profundamente humanas lo convirtieron en uno de los compositores más respetados del folk contemporáneo.

Por eso, la noticia de su fallecimiento provocó una inmediata ola de homenajes de artistas como Bono, Bruce Springsteen y Cat Power, quienes destacaron no solo su talento musical, sino también su generosidad y compromiso con la comunidad artística.


Un legado que seguirá sonando

Hay películas que se recuerdan por sus escenas. Otras, por sus personajes.

Once será recordada, sobre todo, por sus canciones.

Cada vez que suenen los primeros acordes de Falling Slowly, será imposible no pensar en Glen Hansard, en aquella historia de dos desconocidos que encontraron refugio en la música y en una película que demostró que no hacen falta grandes presupuestos para emocionar.

Con su muerte desaparece uno de los grandes cantautores irlandeses de las últimas décadas, pero permanece una obra que seguirá acompañando a quienes alguna vez encontraron consuelo, esperanza o belleza en sus canciones.