Dogman: La ley animal

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El cine (y las series) nos han regalado infinidad de criminales emblemáticos, focalizando en iconos como Vito Corleone, Tony Montana, Henry Hill o Tony Soprano. Pese adorar esas narraciones dominadas por visiones de grandeza, herencia y poder, siempre he tenido más predilección por otro malhechor mucho más ordinario. Me refiero al tipo que peca de honesto, al débil y machacado que, a causa de circunstancias adversas o un contexto hostil, decide cruzar la línea. Un día cualquiera, su cabeza hace clic. Pensad en los primeros pasos de Walter White, o en Lester Nygaard: «what if you’re right, and they are wrong». Ese es quizá el delincuente más peligroso: el que cree no serlo. Empatizamos con ellos y cargamos la responsabilidad sobre el entorno. Los delitos no les quitan el sueño, al contrario: son héroes.

Fuente: dinamopress.it

Dogman, la nueva película de Matteo Garrone (Gomorra, 2008), estudia ese fenómeno adaptando el conocido como Delitto del Canaro, un caso real que sucedió en la Italia de 1998, en Magliana. Pietro de Negri (Marcello Fonte), dueño de una peluquería canina en un barrio pobre, pierde el respeto de su hija y de los vecinos a causa del macarra y exboxeador Giancarlo Ricci (Edoardo Pesce), al que vende de vez en cuando cocaína. Ese hecho desencadena dudas y miedos que pronto se trasforman en una llamada a la acción extrema, un “clic” imposible.

Como se puede intuir, Pietro es un personaje gris. El relato no se centra en la transformación de una persona que ha seguido las reglas toda su vida (Walter White, Lester Nygaard), sino en un padre querido por su hija y su comunidad que se ha ido adaptando a un entorno indecente. Es un tipo encantador, honrado y compasivo, pero a la vez no duda en vender droga para ganarse un dinerillo extra y poder pagar el viaje que lleva prometiendo tanto tiempo a su hija. Un híper expresivo Marcello Fonte (se llevó la estatuilla en Cannes) nos invita a quererle, y un terrorífico e incontrolable Edoardo Pesce nos obliga a detestarle; sin embargo, poco a poco descubrimos a quién hemos puesto capa, y es esa sacudida sin piedad lo realmente interesante.

Ese barrio marginal se construye como un personaje más y se encarna perfectamente en el monstruo que es Giancarlo. El espacio que rodea a la peluquería canina se plasma con una sensación de crudeza que asusta: la mugre, el óxido, los escombros, el abandono. Es un lugar en donde llamar a la policía para resolver una situación no es la primera opción, tampoco la segunda, y dudo que la tercera. La violencia es igual de explícita y contundente. Sin embargo, Pietro se ve bien feliz con su hija, sus perros y su partidito de fútbol semanal con los vecinos, y siempre aporta algo de humor, otro gran acierto.

Fuente: hollywoodreporter.com

Dogman impacta tanto como Gomorra, aunque carezca de tiros. Es otro estudio de Matteo Garrone alrededor de la ley del más fuerte y del peso del entorno, a través de un personaje con un corazón de oro al que es imposible no rendirse; sin embargo, cuando la película se despide con una larga secuencia que no se separa de su rostro, depende de nosotros decidir cuánto de esa mirada corresponde a la de una víctima y cuánto a la de un criminal.