Rocketman, glamour, imperfección y honestidad en la biopic de Elton John

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El género de las películas biográficas musicales parece estar en boga. Tras el éxito cultivado por Bohemian Rhapsody (2018), en que un excelente Rami Malek se llevó el Oscar al traernos de vuelta a Freddie Mercury, la fórmula ahora apuesta por la historia del icónico Elton John bajo el nombre de Rocketman (2019).

El encargado de vestir la piel de uno de los compositores más emblemáticos de Reino Unido y el mundo es Taron Egerton (Kingsman, Billionaire Boys Club, Robin Hood), quien recibió la ovación tanto del artista como del público de Cannes en un gesto que culminó con ambos abrazados.

«Él (Elton) y yo nos hemos vuelto bastante cercanos, y él obviamente es un productor de la película, por lo que hemos pasado mucho tiempo juntos», Egerton contó a Network Ten sobre la asesoría que el compositor le brindó para desarrollar su interpretación. Asimismo, aseguró haber tenido acceso a las pertenencias íntimas de John, entre las que se encuentran sus diarios de la época de los setenta, período que abarca el filme y los primeros años de la carrera en la industria del británico.

El musical dirigido por Dexter Fletcher, sin embargo, muestra una radiografía más franca y cruda sobre la figura del cantante, a diferencia del tono algo condescendiente que pudo apreciarse en la cinta sobre Queen con la que, inevitablemente, se han establecido comparaciones a todo nivel. Y en la que Fletcher también estuvo involucrado junto a Bryan Singer en su realización.

Aun así, el cineasta inglés con este exponente se toma ciertas libertades para jugar con la fantasía idílica que conlleva la vida de una estrella de la talla de Elton John. Asimismo, su narración cuenta con un ritmo dramático soberbio para despertar las emociones de la audiencia, valiéndose de una sinceridad aplastante exhibida en saltos temporales.

Una de las escenas emblemáticas que no esconden ni endiosan al autor de «Crocodile Rock», «Don’t Go Breaking My Heart» y «Goodbye Yellow Brick Road», es cuando entra a una sesión de alcohólicos anónimos para confesar ser un «adicto al alcohol, a las drogas, a la bulimia y al sexo». Aquello, lo remata tragicómicamente al agregar que, a su vez, es adicto «a las compras».

Purpurina, roces de lo cursi, un talento que destruye prejuicios y la provocación de un hombre más grande que las categorías sociales, son elementos que complementan un alcance adulto del relato, uno sin la censura que se pretendió aplicar en un comienzo por distintos frentes.

Otro punto a favor, es que Taron Egerton cante cada pieza que se presenta en el largometraje, por lo que su desempeño convence sin necesitar que nos sintamos especialmente identificados por vivencias que tengamos (o no) día a día en común con el protagonista.

Junto a lo anterior, se nos ofrece un espectáculo extravagante, artificial, con el atractivo morboso de ver a una persona glamorosa fuera de su pedestal de admiración, deprimida y abatida por un pasado tormentoso y por los vaivenes de jornadas frenéticas que abatirían a cualquiera.

Fuente: VanityFair

Ciertas críticas, de todas formas, no se hicieron esperar cuando Linda Hannon —antigua prometida de John —no apareció ni fue nombrada dentro de la obra, a pesar de que sí se habló de otras relaciones sentimentales heterosexuales del artista, como su matrimonio con Renate Blauel.

Por otra parte, algunos medios y sectores del público consideran que la producción se quedó corta a la hora de exhibir y enaltecer merecidamente los más de cincuenta años de carrera de Sir Elton. Que, entre tanta exuberancia de atuendos y parafernalia, nunca se desnuda su alma, más allá de discursos pobres que sirven de atisbos, pero que no ofrecen el panorama completo de su vida.

Sea lo uno o lo otro, quedará al juicio de cada espectador cuando se encuentre con la cinta en salas estos próximos días de mayo.