A 50 años del golpe militar en Argentina: cinco películas para recordar el 24 de marzo

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El pasado 24 de marzo de 2026 se cumplieron 50 años del golpe militar en Argentina, que dio inicio a la última dictadura cívico-militar (1976–1983), uno de los periodos más oscuros de la historia reciente del país.

Como cada año, pero con una carga simbólica mayor por el aniversario, miles de personas se movilizaron hacia la Plaza de Mayo y distintos puntos del país para conmemorar el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

Las marchas, encabezadas por organismos de derechos humanos, familiares de desaparecidos y ciudadanos, buscan mantener viva la memoria colectiva sobre los crímenes cometidos durante la dictadura, que dejó miles de víctimas de desaparición forzada, tortura y exilio.

En ese contexto, el cine argentino ha sido una de las herramientas más importantes para reconstruir, narrar y reflexionar sobre este periodo.


Cinco películas para recordar el 24 de marzo

A lo largo de las últimas décadas, distintas películas han abordado la dictadura desde perspectivas diversas: judicial, política, íntima y testimonial.

Estas son cinco películas clave para entender y recordar este momento histórico.


Argentina, 1985 (Santiago Mitre)

Argentina, 1985 reconstruye el histórico juicio a las juntas militares en 1985, uno de los procesos judiciales más importantes en América Latina.

La película sigue a los fiscales Julio Strassera y Luis Moreno Ocampo en su intento por llevar ante la justicia a los responsables de la dictadura.

Más que una reconstrucción histórica, el filme plantea la dificultad de juzgar un sistema que aún tenía poder e influencia, y muestra cómo la justicia se convirtió en una herramienta fundamental para la memoria.


La historia oficial (Luis Puenzo)

La historia oficial, ganadora del Óscar a Mejor Película Internacional, fue una de las primeras películas en abordar directamente las consecuencias de la dictadura.

La historia sigue a una profesora que comienza a sospechar que su hija adoptiva podría ser hija de desaparecidos.

A través de un relato íntimo, la película expone el impacto de la represión en la vida cotidiana y el proceso de toma de conciencia frente a una verdad ocultada durante años.


La noche de los lápices (Héctor Olivera)

La noche de los lápices narra el secuestro y desaparición de estudiantes secundarios en la ciudad de La Plata en 1976.

Basada en hechos reales, la película muestra la persecución contra jóvenes que reclamaban derechos básicos, como el boleto estudiantil.

El filme se ha convertido en una referencia obligatoria dentro del cine argentino sobre la dictadura, especialmente por su enfoque en las víctimas más jóvenes.


Garage Olimpo (Marco Bechis)

Garage Olimpo se centra en los centros clandestinos de detención y en el funcionamiento interno del aparato represivo.

La historia sigue a una joven secuestrada y a uno de sus captores, mostrando la brutalidad del sistema y la lógica de violencia institucional.

A diferencia de otras películas, el enfoque aquí es más directo y crudo, sin mediaciones, lo que la convierte en una de las representaciones más duras del periodo.


Kamchatka (Marcelo Piñeyro)

Kamchatka, protagonizada por Ricardo Darín, aborda la dictadura desde la mirada de un niño.

La película sigue a una familia que vive en la clandestinidad mientras intenta mantener una vida aparentemente normal.

El título hace referencia a una jugada de resistencia en el juego TEG, símbolo de la lucha por sobrevivir en un contexto de persecución.

El enfoque infantil permite mostrar la dictadura desde lo cotidiano, evitando la representación directa de la violencia pero evidenciando sus efectos.


El cine como espacio de memoria

A 50 años del golpe militar, estas películas no solo funcionan como obras cinematográficas, sino como herramientas de memoria colectiva.

Cada una, desde su perspectiva, reconstruye fragmentos de una historia que sigue siendo revisada, discutida y recordada.

En un contexto donde miles de personas vuelven a las calles para conmemorar esta fecha, el cine se mantiene como un espacio clave para entender el pasado y reflexionar sobre sus consecuencias en el presente.