The Super Mario Galaxy Movie: cuando el fanservice reemplaza a la historia
¿Qué pasaría si la única forma de salvar la galaxia fuera confiar en el mismo enemigo que siempre intentó destruirte? Esa es la pregunta que los fontaneros italianos tendrán que responder en The Super Mario Galaxy Movie, la secuela animada de Illumination que llega tres años después del éxito de la primera entrega. La historia arranca con Bowser Jr. (Benny Safdie) construyendo una flota espacial para liberar a su padre Bowser (Jack Black) y secuestrando a la Princesa Rosalina (Brie Larson), guardiana cósmica de unas criaturas estelares llamadas Lumas. Mario (Chris Pratt), Luigi (Charlie Day), Peach (Anya Taylor-Joy) y un recién llegado Yoshi (Donald Glover) tendrán que cruzar la galaxia para salvarla. Bowser, reducido de tamaño al final de la película anterior, intenta mientras tanto su propio camino de redención.
En papel, el material es brillante. Super Mario Galaxy, el videojuego de 2007 para Wii, es una obra maestra del diseño: planetas únicos, física imaginativa, momentos de euforia pura. Hay aquí un universo de posibilidades. La película elige ignorarlas casi todas.
Una galaxia llena de referencias vacías
Los directores Aaron Horvath y Michael Jelenic, los mismos de la primera entrega, repiten exactamente la misma fórmula. La diferencia es que esta vez la fórmula ya no sorprende a nadie. La película es un desfile incesante de guiños, Easter eggs y personajes reconocibles que aparecen y desaparecen sin dejar huella. Fox McCloud de Star Fox llega como el Han Solo de la función. Yoshi entra sin un arco, como si siempre hubiera estado ahí. Rosalina, uno de los personajes más interesantes del universo Mario, es secuestrada en los primeros minutos y relegada a objeto de rescate durante todo el film.

El problema no son las referencias. El problema es que las referencias son el único contenido. La película no tiene centro narrativo. Mario, Luigi, Peach, Toad y Yoshi corren de planeta en planeta sin que ninguna escena construya sobre la anterior. El guion de Matthew Fogel acumula situaciones episódicas que se olvidan al instante. La primera película tenía sus fallas, pero tenía también un hilo conductor y un villano memorable. Aquí Bowser casi no canta, casi no amenaza, y dos Bowsers suman menos impacto que uno solo.
Lo poco que funciona no alcanza
La animación es técnicamente impecable. Los planetas brillan, los colores saturan, y hay momentos de magia visual que recuerdan por un instante el juego original. La secuencia del padre contando un cuento a su hijo con marionetas caseras es el único momento del film que tiene algo parecido a corazón. Glen Powell como Fox McCloud funciona mejor de lo esperado. Y la música recupera algunas de las mejores composiciones del juego, incluyendo el célebre tema de Gusty Garden Galaxy.

Pero son destellos aislados en un film que nunca se detiene el tiempo suficiente para que nada importe. Los personajes secundarios, Toad, Yoshi, Peach, están ahí para reaccionar y entregar el chiste de turno. Chris Pratt sigue sin encontrar nada en Mario que no sea genérico. Los gags son predecibles. El tercer acto, que debería ser el clímax emocional, es el tramo más flojo de toda la película: apresurado, mecánico y sin peso.
La comparación con la primera entrega es inevitable y dañina para esta secuela. Aquella tenía ideas, ritmo y al menos la energía del descubrimiento. Esta parece fabricada para satisfacer una checklist de referencias sin preguntarse en ningún momento si hay una razón narrativa para incluirlas. El resultado es exactamente lo que parece: un producto diseñado para vender entradas y preparar el terreno para más spin-offs.
The Super Mario Galaxy Movie es la prueba de que el fanservice sin guion no es un homenaje. Es solo ruido con buena iluminación.