Los fantasmas de Roger Waters en Pink Floyd - The Wall | Cine O'culto

Los fantasmas de Roger Waters en Pink Floyd – The Wall

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Era 1982 y en las salas de cine estadounidenses se estrenaba Pink Floyd – The Wall, una película dirigida por Alan Parker, diseñada por Gerald Scarfe, escrita por Roger Waters y basada en el álbum homónimo de la afamada banda británica.

La crítica de la época se mostró dividida ante esta obra. Por un lado, hubo quienes la alabaron y resaltaron el trabajo en equipo de Parker, Scarfe y Waters. Tal es el caso del crítico Derek Malcom, quien para el periódico The Guardian escribió lo siguiente:

“La sinestesia entre los artistas aquí convocados da como resultado una cinta visual y visceralmente envolvente en todos los sentidos posibles”.

Por el contrario, también existieron opiniones disonantes que hicieron hincapié en la estética poco bella de la obra, en la narrativa exagerada del ego de Waters y en la postura experimental de la cinta. Ante esto, Ken Hanke compartió para Mountain Xpress:

“Definitivamente, es una de las peores películas realizadas por Alan Parker”.

No obstante, la película logró ubicarse en el posición número 28 de las listas estadounidenses. Recaudó 68 mil dólares en su primer fin de semana, a pesar de ser exhibida solamente en una sala. Al mes había logrado exhibirse en cerca de 600 salas de Norteamérica. Logró consolidarse en el escalón número tres en las listas, sólo a la sombra de E.T, the extra-terrestial y de An officer an a getleman. Para 1983, ya había logrado reunir más de 22 millones de dólares en ganancias. La cinta ha sobrevivido hasta nuestros días, transformándose en una obra de culto para muchos de los fanáticos de Pink Floyd.

En términos generales, la obra versa sobre Pink (Bob Geldof) una estrella de rock que desfila entre los recuerdos de su infancia, mientras su matrimonio se desmorona por la infidelidad de su esposa, y cae estrepitosamente en las garras de la locura hasta fantasear con el papel de ser un líder fascista.

El concepto de Pink Floyd- The Wall es prácticamente el mismo que el del álbum publicado tres años antes: un muro gigantesco hecho con ladrillos de emociones que separa al protagonista de la realidad. Waters tomó esta visión después de tener problemas con el público que asistía a los conciertos de de la banda.

Para justificar el argumento de la película se propone la existencia de dos fantasmas. Dos recuerdos. Dos personas que indudablemente marcaron el trabajo literario de Waters y que de una u otra manera, aparecen en este material cinematográfico.

Eric Fletcher Waters: el primer fantasma.

El primer espectro que aparece en la película es el padre de Roger. Eric Fletcher Waters era teniente del ejército británico y murió en combate en la Segunda Guerra Mundial, durante la Batalla de Anzio en 1944. Roger Waters tenía sólo seis meses de nacido. Esto marcaría psicológicamente la vida del exbajista floydiano, quien siempre mostró una posición retractora ante los conflictos bélicos de la época.

La película inicia con un Pink adulto, hospedado en una habitación de hotel, mientras escucha The little boy that Santa Claus forgot (El niño que olvidó Santa Claus) de Vera Lynn, cantante relacionada con la Segunda Guerra Mundial. Para variar, esta pieza musical contiene un par de lineas que fueron intencionalmente excluidas de la filmación: He hasn’t got a daddy / The little boy that Santa Claus forgot (No tenía padre / El niño que olvidó Santa Claus). Inmediantamente, Pink gira su mirada hacia sus recuerdos.

La primera parte de la película es una especie de autobiografía del propio Waters, que se retrata en el Pink infante, huérfano de padre (quien casualmente murió en la guerra) y que yace taciturno ante la sombra de una madre sobreprotectora.

Después, Waters testifica otro férreo recuerdo de su niñez: su paso por la escuela primaria. La escena musicalizada por Another brick in the wall part II es una clara crítica al sistema educativo británico de la época, que abogaba por una actitud conductista donde los profesores solían humillar física y emocionalmente a sus alumnos.

Una de las escenas más duras y que de cierta manera pone fin a la infancia de Pink, es cuando el protagonista, junto a otros niños, se encuentra esperando en una estación de tren el retorno de sus padres que fueron a combatir a la guerra. Después de unos minutos, de sonrisas y abrazos por la felicidad del reencuentro entre padres e hijos, el progenitor de Pink nunca llega. Waters dibuja aquí lo duro que fue para él crecer sin una figura paterna.

Syd Barrett: el eterno recuerdo.

La trágica historia de Syd Barrett, exlíder y fundador de Pink Floyd, es popularmente conocida: perdido mentalmente por su adicción al LCD, fue expulsado por el resto de la banda durante la grabación de su segundo álbum A saucerful of secrets.

La banda, y sobre todo Waters, nunca se perdonaron este hecho. Al grado de que en la mayoría de sus álbumes aparece el recuerdo de Barrett levitando entre resonancias sonoras. Waters trató de homenajear a Syd anexando su memoria en el personaje del Pink adulto.

Personificado como una famosa estrella de rock y después de descubrir la infidelidad de su esposa, Pink se sumerge en un balde de depresión, donde continuamente experimenta alucinaciones (que son representadas por las magnificas animaciones de Gerald Scarfe) y lidia con sus emociones más profundas. De la nada aparece vestido como líder fascista, orando un discurso ante sus súbditos a modo de ópera rock, en una secuencia que parece no tener sentido.

Las escenas de Pink siendo agresivo, arrojando objetos por la habitación, cortándose la mano con una ventana rota y emitiendo gritos ensordecedores hacia la calle, reflejan una relación con la reminiscencia de Syd y su enfermedad mental.

Pink es encontrado inconsciente en su habitación y recluido en un hospital psiquiátrico, mientras Comfortably Numb sonoriza la escena. La imagen del sujeto inerte frente a un muro emocional que lo separa de su realidad, encarna. Se presenta otra secuencia de animaciones de Gerald Scarfe, quien representa a todos los elementos antes citados. Syd Barrett se asoma y se esfuma como lo que es, un recuerdo audiovisual en una obra de arte, obra que fue su vida misma.