The Fixer de Frankenheimer y la Kiev de Malamud | Cine O'culto

The Fixer de Frankenheimer y la Kiev de Malamud

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A principios del siglo pasado el Imperio Ruso empezaba a gestar la atmósfera de intrigas y misterios que han caracterizado a esa parte del mundo hasta nuestros días. Con la dinastía Romanov en el poder, los zares se convirtieron en un icono histórico de la cultura rusa. Era la época prerevolucionaria y los complots para derrocar a los zares del gobierno estaban a la orden del día.

Otro aspecto importante de este periodo es el antisemitismo. La población judía del Imperio Ruso era perseguida, segregada y discriminada. Condenados a vivir en los shtetl (comunidades judías semejantes a aldeas) y limitados a permanecer en los barrios judíos de las grandes ciudades, los hijos de Israel estaban propensos a cualquier peligro.

En 1963, el escritor norteamericano Bernard Malamud (quien también era judío), publicó su célebre novela The Fixer (El reparador). Una historia sobre un judío llamado Yakov Bok, quien viaja a la ciudad de Kiev y es acusado de un crimen que no cometió. Una narración muy triste que divaga entre injusticia, la soledad y una difusa esperanza.

Kiev, como es de dominio popular, es la capital de Ucrania, lugar que en los primeros años del Siglo XX no era un país, sino una región de la Rusia zarista. Ostentaba ser la tercer ciudad en importancia del Imperio Ruso, sólo por detrás de Moscú y Petrogrado (actualmente San Petesbugro).

La estancia de los judíos en Kiev tampoco ha sido un relato placentero. Ellos sólo podían tener los mismos derechos que la demás población si renunciaban a su religión. Vivían con el temor de que los pogromos (matanzas de grupos étnicos) se desataran. Eso sin mencionar lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial, cuando en septiembre de 1941 la ciudad fue testigo de uno de los más horrorosos magnicidios de la historia con el asesinato de 33 mil 771 judíos en el barranco de Babi Yar. Por estas razones, Malamud vio a la capital ucraniana como idónea para que Yakov desarrollara su incidental aventura.

Yakov es uno de esos personajes con los que es fácil identificarse; un judío pesimista, abandonado por su mujer, pateado vilmente por la vida, quien por más que se esfuerza a salir de su agujero, es arrastrado con saña hacia la inmundicia de la desesperación.

La novela tuvo tanto éxito que en 1967 fue condecorada con el Premio Pulitzer de Novela, uno de los principales reconocimientos literarios a nivel mundial. Esto ocasionó que Hollywood se interesase por adaptarla a la pantalla grande.

El filme de Frankenheimer

En 1968, el director John Frankenheimer decidió filmar la novela de Bernard Malamud. En el reparto de The Fixer (El hombre de kiev) contó con actores de la talla de Alan Bates, Dirk Bogarde, Hugh Griffith, Elizabeth Hartman, Ian Holm, David Warner y Carol White.

Por esta cinta, Alan Bates, quien interpretó a Yakov Bok, fue nominado al Óscar de ese año como mejor actor.

Los personajes judíos se muestran más cuerdos que los rusos. Es como si Frankenheimer quisiese conservar esa inclinación hebrea que Malamud usa en el libro.

El guión del drama, adaptado por Dalton Trumbo, también excluye algunos detalles de la novela. Por ejemplo, Schmuel, el suegro de Yakov, nunca aparece en la cinta y eso que es un personaje importante porque Yakov se apoya moralmente en él . En otra escena, Yakov rechaza a Zinaida (Elizabeth Hartman) debido a que este sigue enamorado de su aún esposa, cuando en el libro se específica que es porque Zinaida estaba menstruando.

Frankenheimer y Trumbo evitan la aparición de sangre y de violencia excesiva, algo que resulta decepcionante si se repasa el realismo histórico de la novela. También existen lagunas en su narrativa que son rellenadas con discursos y monólogos de los personajes.

Sin embargo, The Fixer es una buena referencia si existe interés en conocer el trabajo de Frankenheimer y percatarse cómo evolucionó en su carrera como director cinematográfico. Obviamente, la actuación de Bates también es sumamente rescatable y otro punto a favor, sin duda, es el trabajo de arte que va muy acorde a la época.

Finalmente, la crítica de la novela hacia el cristianismo sí fue respetada en la cinta. Se puede apreciar una escena donde Yakov se encuentra en su celda vestido con prendas judías y provoca el desmayo de un sacerdote ortodoxo. Además de que se pone en confrontación al Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento y se cuestionan aspectos esenciales de este último.