«Possessor»: el precio de la enajenación tecnológica

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Para los Cronenberg, la transformación corporal lo es todo. Más allá de la degradación física de los cuerpos de la que somos testigos en sus películas, padre e hijo se han adentrado siempre en aquella pérdida de la moral que la acompaña.

En Possessor (2020), la nueva cinta del heredero del respetado apellido, una vez más nos sometemos a los retorcidos designios de la familia. Entregado a la ciencia ficción desde el comienzo de su carrera cinematográfica, Brandon Cronenberg nos muestra un futuro en donde las ambiciones no han cambiado para nada, aunque sí la forma de hacerlas realidad.

Possessor
Crédito: Neon/Well Go USA Entertainment

Tasya (Andrea Riseborough) es una agente que trabaja para Trematon, una organización ¿criminal? a cuyos clientes se acercan para cumplir sus nefastos objetivos. La especialidad de la compañía es la usurpación de cuerpos para cometer asesinatos por encargo.

Pero esta relación tiene un costo, sobre todo para Tasya, quien, a pesar de ser la mejor en esto, sufre de las consecuencias psicológicas. Cuando su más reciente encargo se ve afectado por estos problemas, la mujer y la víctima comienzan una batalla por el dominio de un cuerpo.

Possessor deja al descubierto una vez más las filias de los Cronenberg. Con su padre semiretirado, en sus manos ha quedado la tarea de perpetuar el legado. Y vaya que lo ha hecho. Con Antiviral (2012), el canadiense presentó una obra con toda la influencia de su progenitor y del body horror, concepto característico de su cine.

Ocho años después, Brandon vuelve con un trabajo más serio y enclavado en la desesperanza humana. El director apela nuevamente a la ciencia ficción, específicamente al cyberpunk, para tratar de discernir el papel del libre albedrío en una era en la que la tecnología beneficia y esclaviza a la humanidad por igual.

Possessor
Crédito: Neon/Well Go USA Entertainment

Riseborough, quien ha decidido refugiarse en el cine independiente tras la fallida Oblivion: El Tiempo del Olvido (Oblivion, 2013), interpreta a Tasya, una mujer peligrosamente enajenada con su trabajo. A través de un brutal y tenso prólogo, Cronenberg deja en claro que no tiene intención de dar explicaciones, por lo que se concentra en construir este mundo mientras nos internamos en la frágil vida de la protagonista, cuyo cuerpo y familia han sido afectados notablemente por su actividad secreta.

En la secuencia inicial, aparentemente sin sentido, las reglas de esta violenta dinámica son establecidas. El derramamiento de sangre, por supuesto, no tarda en aparecer.

Aunque Riseborough queda relegada eventualmente por la naturaleza de su personaje, Cronenberg se da el tiempo para ofrecernos un panorama no muy alentador de la condición psicólogica de esta mujer. Después de cada tarea es sometida a un ejercicio en el que debe dar detalles sobre una serie de objetos presentados ante ella.

Como si fueran anclas a la cordura, Tasya se aferra a la normalidad, principalmente cuando la vemos en casa interactuando tiernamente con su hijo; sin embargo, algo está ocurriendo en su mente y las consecuencias físicas han comenzado a surgir. Su situación se vuelve insostenible al aceptar una nueva misión, la cual pone en peligro su confiabilidad y a sí misma.

Possessor
Crédito: Neon/Well Go USA Entertainment

En Possessor también nos encontramos con Jennifer Jason Leigh como Girder, la dueña de la empresa para la que trabaja Tasya. La veterana actriz encarna a una mujer cuya cuestionable moral encaja a la perfección con el giro de su negocio; sin embargo, la relación que ha establecido con su mejor empleada trasciende cualquier jerarquía laboral.

Este vínculo cuasimaternal genera otro conflicto en su protegida: ¿qué no hay en casa que sí encuentra invaviendo el cuerpo de alguien más? ¿Su enajenación finalmente ha nublado su visión acerca del hecho de que se ha convertido en un tipo de cambio muy valioso? Si bien nos situamos en un futuro cercano, Cronenberg apunta a la manipulación tecnológica tan distintiva de un presente que cada vez más parece una distopía.

Más adelante entra a escena Colin (Christopher Abbot), la desafortunada víctima del nuevo contrato de Trematon, la cual incluso cuenta con logotipo y hojas membretadas como una organización común y corriente. Esa alusión a la criminalidad de las empresas nos inserta en un entorno cyberpunk carente de luces neón y modificaciones corporales, aunque lleno de su distintiva avaricia corporativa.

Pero de vuelta a Colin. Ante la invasión en su subconsciente, este se enfrenta a un obstáculo más por asumir el control de su existencia, regida hasta ese momento por cualquiera menos por él. Cuando la integración con Tasya comienza a fallar, Colin finalmente obtiene la oportunidad que probablemente no estaba esperando, pero que le permitirá tomar brevemente las riendas de su vida. Cronenberg se muestra magnánimo al dejar que su personaje disfrute, al menos por un instante, del libre albedrío.

Crédito: Neon/Well Go USA Entertainment

Abbot hace un muy buen trabajo no solo interpretando a un desconcertado Colin, sino también a la misma Tasya dentro de su cuerpo. Cerca del final, cuando ambos personajes se encuentran en un plano desconocido, su interacción supone una resolución para ambos individuos en busca del control; una especie de reconciliación personal que, a pesar de todo, no augura la supervivencia.

Si bien Cronenberg por momentos se interesa más por el universo que ha creado que por los personajes que habita, Possessor resulta un ejercicio desconcertante en el que la edición y los efectos especiales juegan un papel importante para involucrar a cualquiera que esté dispuesto a presenciar los recurrentes baños de sangre.

Con un final ambiguo que deja más preguntas, la cinta presenta una inquietante posibilidad, pero también un presente que solemos desestimar. ¿Realmente debemos permanecer al margen de la invasión digital que ha caracterizado nuestras vidas o podemos hacer algo al respecto? Tomar el control nunca fue tan complicado.

Possessor se estrenó en el Festival de Cine de Sundance este año, pero apenas llegó a salas de Estados Unidos y Canadá en octubre.