Cumbres Borrascosas (2026): cuando la toxicidad se romantiza

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¿Puede el deseo físico sostener una historia de amor cuando todo lo demás se queda en la superficie? Esta es la pregunta que Emerald Fennell intenta responder en esta nueva adaptación de “Cumbres Borrascosas”, la novela de Emily Brontë. La directora llega al clásico con 80 millones de dólares, los rostros de Margot Robbie y Jacob Elordi, y una visión declaradamente propia: amplificar el erotismo que las adaptaciones anteriores —casi todas dirigidas por hombres, como Kosminsky o Buñuel— mantuvieron contenido. Desde esa perspectiva femenina y desacomplejada, la película propone una mezcla de melodrama y deseo que recuerda, en espíritu, a una fusión entre Romeo y Julieta y El Conde de Montecristo: amor imposible, traición, venganza y una dependencia emocional que la cinta no condena, sino que romantiza.

La historia es la de siempre. Heathcliff, huérfano rescatado de las calles de Liverpool, crece junto a Catherine Earnshaw en los páramos de Yorkshire. Cuando ella se casa con el adinerado Edgar Linton (Shazad Latif), él abandona la hacienda. Regresa años después, rico y transformado, dispuesto a recuperar lo que siente que le fue arrebatado. Lo que sigue es un affaire adúltero, una venganza calculada y una espiral de destrucción mutua que Fennell filma con vocación erótica y libertades narrativas notables respecto al texto original.

Una mirada femenina atrapada en su propio espejo

Lo más valioso de esta versión es su punto de partida: reivindicar el deseo femenino en una historia que siempre lo contuvo. La fotografía de Linus Sandgren —con sus rojos profundos, sus contrastes y la omnipresente niebla de Yorkshire— es lo más consistente del film. Owen Cooper, el joven de Adolescence, encarna al Heathcliff adolescente con una intensidad que los adultos de la película raramente igualan. Y Hong Chau, como el ama de llaves Nelly, aporta una dimensión sugerente sobre el deseo y las tensiones de clase que el guion, lamentablemente, no termina de explorar.

El problema es que todo ese despliegue visual aplasta lo que debería sostenerlo. Fennell quiere ser a la vez clásica y provocadora, gótica y pop, pero no logra comprometerse del todo con ninguna dirección. La tensión dramática se diluye, y lo que debería ser un desgarro emocional queda reducido a una sucesión de estados extremos sin matices. Margot Robbie lo da todo, pero Jacob Elordi resulta poco convincente: Heathcliff exige una oscuridad y una complejidad que el actor no logra habitar. Y hay un problema que la película sencillamente elude: la novela sugería que Heathcliff no era blanco, y ese detalle no era decorativo; era la clave para entender el clasismo que lo destruye. Ignorarlo empobrece al personaje y, con él, al relato entero.

Cumbres Borrascosas (2026) es una película fallida con momentos de belleza real, pero entre la megalomanía estética y la superficialidad emocional termina siendo una linda y tóxica forma de romantizar la dependencia sin el valor de explorar por qué eso duele.