War Machine: Alan Ritchson y el heroismo en la tragedia

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¿Puede el dolor de una pérdida convertirse en la mayor arma de un soldado? Esa es la pregunta que se intentará responder en War Machine, la nueva apuesta de Netflix dirigida por el australiano Patrick Hughes. La película sigue a 81 (Alan Ritchson), un veterano traumatizado que se presenta solo al RASP, el brutal proceso de selección de los Rangers del Ejército de EE. UU., tras perder a su hermano en Afganistán. Lo que empieza como un relato de superación personal se transforma a mitad de metraje cuando un objeto extraño cae del cielo en pleno entrenamiento. Lo que parecía una prueba militar se convierte en una batalla contra una máquina alienígena de proporciones imposibles.

Ritchson manda: cuando el héroe es más grande que la película

Lo mejor de “Máquina de Guerra” es, sin dudas, Alan Ritchson. Callado, taciturno, con un trastorno de estrés postraumático apenas sugerido pero creíble, el actor construye un personaje de pocos diálogos y mucha presencia. Su arco emocional es el verdadero motor de la cinta. Verlo avanzar en silencio y ganarse la confianza del espectador sin grandes parlamentos es lo más logrado de la propuesta.

Es imposible no pensar en Arnold Schwarzenegger en Predator o en Sylvester Stallone en First Blood: ese tipo de héroe físico que hace creíble lo imposible. Ritchson está listo para tomar la posta, y esta película, con todas sus fallas, lo confirma.

El primer tercio también funciona. La secuencia de entrenamiento tiene ritmo y cierta sequedad que se agradece en un género donde el patriotismo suele gritar demasiado. Hughes consigue algo cercano a la primera mitad de Full Metal Jacket: un retrato duro de lo que significa querer pertenecer a una élite militar.

Cuando llegan los alienígenas, llega el problema

El problema empieza con la máquina alienígena. Ahí la película se convierte en un híbrido genérico entre Predator, Transformers y Pacific Rim que no encuentra su propia identidad. El alien no genera terror ni fascinación. Es un obstáculo con explosiones. Todo pasa demasiado rápido, todo se acomoda para que Ritchson brille, y el guion no se molesta en construir lógica ni consecuencias reales.

El elenco de apoyo es otro problema. Dennis Quaid, Esai Morales y Jai Courtney están completamente desperdiciados. Sus personajes son arquetipos sin desarrollo: el general desconfiado, el soldado bromista, el líder por el libro. Nadie deja huella.

War Machine está pensada como el arranque de una franquicia. El film termina abriendo más preguntas que cerrando respuestas, y la verdadera invasión alienígena queda pendiente para una secuela. Eso funciona si la base es sólida. Aquí la base es entretenida pero frágil.

Para quienes buscan adrenalina de viernes por la noche, cumple. Ritchson es carismático, hay una secuencia de persecución que realmente funciona y el ritmo no decae. Pero cuando aparece el crédito final, la película ya se está borrando de la memoria. Un blockbuster desechable que confirma el talento de su protagonista sin saber del todo qué hacer con él.