Scary Movie (2026): cuando la nostalgia no alcanza
Después de trece años de ausencia, Scary Movie vuelve con la promesa de recuperar el espíritu de las dos primeras entregas. El regreso de los hermanos Wayans, junto a Anna Faris y Regina Hall, parecía suficiente para entusiasmar a los fanáticos de la franquicia. La película incluso juega con la idea de ser un “rebootquel”, parodiando la moda de reiniciar sagas mientras mantiene a sus personajes clásicos.
La historia gira nuevamente alrededor de Ghostface y toma como principal inspiración las nuevas películas de Scream, aunque también incorpora referencias a títulos recientes como Terrifier, The Substance, M3GAN, Longlegs, Smile, Sinners, Get Out y varias más. El problema es que casi ninguna de esas parodias nace de la historia. Las referencias aparecen una detrás de otra, como una lista de películas populares que el guion necesita mencionar antes de pasar a la siguiente.
Más que construir una sátira, la película parece obsesionada con demostrar que conoce la cultura popular de los últimos años. Y eso termina jugando en su contra.
Un elenco carismático atrapado en un guion sin rumbo
Lo mejor de esta nueva entrega sigue siendo aquello que ya funcionaba hace más de dos décadas: Anna Faris y Regina Hall. La química entre Cindy y Brenda continúa intacta, y ambas consiguen arrancar algunas sonrisas gracias a su impecable timing cómico, incluso cuando los diálogos no están a su altura.

También resulta simpático volver a ver a varios personajes clásicos y encontrar algunos guiños autorreferenciales sobre la propia franquicia. Hay un puñado de gags absurdos que funcionan precisamente porque abandonan la necesidad de explicar la referencia y apuestan por el disparate puro. Son momentos aislados, pero recuerdan por qué Scary Movie llegó a convertirse en un fenómeno de la comedia.
Sin embargo, esos destellos son demasiado escasos para sostener una película que depende casi exclusivamente del reconocimiento del espectador. La sensación constante es que el humor nace del “¿te acuerdas de esta película?” en lugar de encontrar una mirada cómica sobre ella.
Muchas referencias, muy pocos chistes
El gran problema de Scary Movie es sorprendentemente sencillo: casi nunca resulta graciosa. La franquicia siempre se caracterizó por un humor excesivo y de mal gusto, pero incluso sus entregas más flojas encontraban momentos realmente memorables. Aquí ocurre lo contrario: abundan las referencias, pero escasean los chistes.

El guion tampoco consigue encontrar una identidad clara. Quiere burlarse del cine de terror moderno, de la cultura de la cancelación, de las redes sociales y de los debates políticos actuales, pero rara vez desarrolla alguna de esas ideas con verdadera mordacidad. La provocación parece existir únicamente por la provocación misma.
A eso se suma un humor que, en varios momentos, recurre a bromas sobre personas LGBTQ+, identidades de género y otros temas contemporáneos sin aportar una mirada satírica detrás. Más que irreverente, la película se siente anticuada, como si siguiera utilizando fórmulas que dejaron de funcionar hace muchos años.
Al final, la sensación dominante es que Scary Movie confunde cantidad con creatividad. Cada nueva referencia parece empujada a la fuerza dentro de una historia que nunca logra integrarlas de forma natural. El resultado no es la peor película de la saga, pero sí una de las más olvidables. Recuperar al elenco original despierta cierta nostalgia, pero la nostalgia, por sí sola, nunca ha sido suficiente para hacer reír.