Las ovejas detectives: un misterio encantador con el espíritu de Knives Out y el corazón de Babe
¿Puede un rebaño de ovejas resolver un crimen mejor que cualquier detective humano? Esa es la premisa de Las ovejas detectives, y lo sorprendente es que funciona.
George Hardy (Hugh Jackman) es un pastor que cada noche lee novelas policiales a su rebaño. Las ovejas entienden perfectamente el inglés, aunque no puedan hablarlo con los humanos, y esas historias despiertan en ellas un auténtico instinto detectivesco. Cuando George aparece muerto junto a su casa rodante, serán ellas quienes decidan descubrir al asesino.
La película adapta la novela Three Bags Full de Leonie Swann con una combinación creativa que parecía improbable: Kyle Balda, responsable de Minions, dirige un guion de Craig Mazin, creador de Chernobyl y The Last of Us. Contra todo pronóstico, la mezcla funciona. Lo que podría haber sido una simple ocurrencia infantil termina convertido en un cozy mystery con ecos de Agatha Christie y una estructura que inevitablemente recuerda a Knives Out.
Mucho más que una comedia sobre animales
Uno de los mayores aciertos de la película es que jamás se burla de su propia premisa. Trata a sus protagonistas con absoluta seriedad y construye un misterio que resulta entretenido tanto para niños como para adultos.

Existe incluso un guiño muy evidente a Psicosis: Hugh Jackman, la estrella más reconocible del reparto, desaparece durante el primer acto de la historia, dejando que toda la película gire alrededor de un personaje cuya ausencia termina siendo mucho más importante que su presencia. Es una decisión narrativa inteligente que redefine por completo las expectativas del espectador.
El elenco de voces también aporta enorme personalidad. Julia Louis-Dreyfus convierte a Lily en el verdadero cerebro de la investigación, Bryan Cranston dota a Sebastian de una inesperada melancolía, Patrick Stewart aporta autoridad como Sir Ritchfield y Emma Thompson, pese a aparecer apenas unos minutos, consigue robarse cada escena.

Pero donde Las ovejas detectives realmente encuentra su identidad es en el tratamiento del duelo. Las ovejas han aprendido a olvidar a quienes mueren para evitar el sufrimiento. La investigación del asesinato las obliga, por primera vez, a enfrentarse al dolor y aceptar que recordar también forma parte de seguir adelante. La historia de Winter Lamb, el cordero marginado por haber nacido fuera de temporada, resume con enorme sensibilidad ese mensaje.
Incluso aparece una crítica discreta al mundo rural contemporáneo. El conflicto no nace del odio personal, sino de una lógica de mercado donde la consolidación industrial vale más que las personas o las tradiciones. Es un comentario sutil, pero suficiente para darle una capa adicional al relato.
Un desenlace que se enreda más de la cuenta
El único momento donde la película pierde algo de fuerza llega en su resolución. Conforme aparecen nuevos sospechosos y revelaciones, el misterio se vuelve más complejo de lo necesario y algunas explicaciones resultan algo apresuradas.

Aun así, esos tropiezos no alcanzan a empañar una película que entiende perfectamente cuál es su mayor fortaleza: sus personajes y el vínculo emocional que construyen con el espectador.
Las ovejas detectives demuestra que todavía hay espacio para películas familiares inteligentes, capaces de combinar humor, emoción y misterio sin subestimar a su público. Puede recordar por momentos a Knives Out o Babe, pero encuentra suficiente personalidad para convertirse en una de las sorpresas más agradables del año.