Coyote vs. Acme: la justicia poética que el Coyote esperó ocho décadas
¿Qué pasaría si, después de décadas de caer por acantilados y explotar en mil pedazos, el Coyote decidiera llevar a juicio a los responsables de todos sus fracasos?
Esa es la premisa de Coyote vs. Acme, dirigida por Dave Green con James Gunn como productor. Wile E. Coyote está cansado de que los productos de ACME fallen una y otra vez. Por eso decide demandar a la compañía. Para lograrlo recurre a Kevin Avery (Will Forte), un abogado de poca monta que prefiere los arreglos rápidos. También cuenta con la ayuda de su sobrina Paige (Lana Condor). Del otro lado está Buddy Crane (John Cena), abogado de ACME y rival a la altura del desafío. Lo que arranca como una demanda disparatada termina en un juicio que recupera a buena parte del universo Looney Tunes. Y coloca al Coyote, por primera vez, en el lugar de víctima.
El fanservice que entiende lo que celebra
La película tiene, además, una historia de producción que parece un espejo de su propia trama. Warner Bros. la terminó en 2023 y luego la archivó para aprovechar una deducción fiscal. Corrió la misma suerte que Batgirl y Scoob! Holiday Haunt. Tras años de presión de fans e industria, Ketchup Entertainment rescató los derechos. Finalmente la llevó a los cines. Es difícil no leer ahí una coincidencia deliberada: una película que, como su protagonista, se niega a desaparecer después de ser golpeada una y otra vez. El gesto final de los créditos, dedicado a quienes alzaron la voz para que esto llegara a la pantalla, cierra ese círculo con honestidad genuina.

Lo que más funciona en Coyote vs. Acme es que nunca necesita reinventar al personaje. El Coyote sigue siendo el mismo: ingenioso, obsesivo, incapaz de aceptar que el Correcaminos siempre será más rápido. Ahora, además, puede preguntarse si realmente toda la culpa fue suya. El slapstick se mantiene intacto: explosiones, cohetes, imanes, caídas. El personaje sigue sin hablar. Se comunica por gestos y carteles, tal como lo conocimos desde 1949.
La integración entre animación y actores reales remite inevitablemente a ¿Quién engañó a Roger Rabbit? Y funciona con una naturalidad notable. Los personajes de Looney Tunes nunca se sienten pegados artificialmente al mundo real. Will Forte encuentra el tono justo como contrapeso humano del caos animado. John Cena, por su parte, se divierte genuinamente interpretando a un villano corporativo que no necesita subrayar su maldad.
Donde la nostalgia no alcanza para trascender
Los cameos de Bugs Bunny, el Pato Lucas, Piolín y compañía no son simple relleno nostálgico. Están integrados con cariño real a la estructura de comedia judicial. Hay guiños para los más atentos, como el estudio de abogados Avery, Maltese & Jones, homenaje a los grandes animadores clásicos de la Era Dorada. Es, en ese sentido, un homenaje afectuoso a una forma de comedia que varias generaciones aprendimos a querer. Funciona porque no depende solo del reconocimiento. Entiende qué hizo perdurables a estos personajes durante casi ochenta años.

El problema aparece cuando se diluye la emoción inicial de reencontrarse con estos personajes. La trama judicial contra ACME es funcional, pero bastante convencional. El misterio corporativo se repite más de lo necesario a lo largo del metraje. Eso le resta ritmo a un tercio final que podría haberse ajustado. Es una película que entretiene y hasta emociona en sus mejores momentos. Pero su encanto depende en gran medida de la conexión previa que el espectador tenga con estos íconos de la animación.
Coyote vs. Acme es una experiencia muy disfrutable. Está construida con cariño genuino y una comprensión real de lo que hizo entrañable a este dúo durante generaciones. No es una película destinada a quedar en la memoria por alguna escena en particular. Pero cumple con algo que pocas veces se le permitió a su protagonista: después de tantos años de caer, explotar y volver a intentarlo, resulta bonito que por una vez el Coyote tenga la oportunidad de ganar.