Supergirl: Un viaje espacial con destellos de diversión que nunca encuentra su propia identidad

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¿Qué pasa cuando la venganza de una desconocida se convierte en la única razón que le queda a una heroína para volver a levantarse? Esa es la premisa de Supergirl, la nueva película del renovado Universo DC dirigida por Craig Gillespie (Yo, Tonya, Cruella) y basada en el cómic Supergirl: Woman of Tomorrow. Kara Zor-El (Milly Alcock) vive lejos de la Tierra intentando escapar del peso de haber sobrevivido a la destrucción de Krypton. Su camino se cruza con Ruthye (Eve Ridley), una adolescente que busca vengar el asesinato de su familia a manos del despiadado Krem (Matthias Schoenaerts). Cuando el villano envenena a Krypto y roba el único antídoto capaz de salvarlo, ambas emprenden una persecución por distintos planetas que también sirve para reconstruir parte del pasado de Kara y explicar cómo llegó a la Tierra antes que Kal-El.

Una Supergirl con más personalidad y un origen que valía la pena contar

Uno de los mayores aciertos de la película es precisamente detenerse en un aspecto que el cine había dejado de lado durante años: la relación entre Kara y Superman. Los flashbacks sobre la caída de Argo City y la decisión de sus padres de enviarla al espacio aportan un contexto necesario para entender por qué esta Supergirl es tan distinta de Kal-El. Mientras Superman creció rodeado de afecto en la Tierra, Kara carga con el recuerdo de haber visto desaparecer su mundo. Esa diferencia justifica, al menos en parte, su actitud más impulsiva, cínica y desordenada.

Milly Alcock consigue transmitir esa mezcla de rebeldía y vulnerabilidad con bastante naturalidad. Su química con Eve Ridley funciona durante buena parte del recorrido y convierte la dinámica entre ambas en el verdadero motor de la historia.

También hay momentos genuinamente divertidos. Craig Gillespie intenta imprimir un tono ligero, apoyado en canciones, humor y una aventura espacial que por momentos recuerda a Guardianes de la Galaxia. Algunas escenas consiguen esa energía desenfadada y hacen que la película avance con suficiente ritmo, aunque nunca alcanza el carisma de la saga de Marvel que claramente toma como referencia.

Una aventura entretenida, pero demasiado derivativa

El principal problema de Supergirl es que nunca termina de encontrar una identidad propia. Constantemente parece mirar hacia otras películas: hay ecos de Star Wars, de Mad Max, del western de Temple de acero (True Grit) e incluso del propio Universo Cinematográfico de Marvel. Más que construir un universo con personalidad, la película parece ensamblar ideas ya conocidas.

Eso también afecta a sus personajes. Krem es un villano completamente funcional, pero sin matices que lo vuelvan memorable. Y el caso más evidente es Lobo. Jason Momoa aporta presencia y carisma cada vez que aparece, pero su participación termina sintiéndose como un adelanto de futuras producciones más que como un personaje realmente integrado a esta historia. Da la impresión de que había mucho más por explorar y la película nunca se decide a hacerlo.

La relación entre Kara y Ruthye tampoco alcanza toda la profundidad emocional que promete al comienzo, mientras que varias subtramas —como la explotación de mujeres o el propio conflicto interno de Kara— aparecen planteadas, pero apenas desarrolladas. Incluso el viaje para salvar a Krypto termina funcionando más como un recurso narrativo que como un verdadero eje dramático.

Supergirl tiene suficientes momentos entretenidos para dejar una impresión agradable durante la proyección, pero muy pocos permanecen en la memoria cuando termina. La decisión de profundizar en el pasado de Kara y explicar su vínculo con Kal-El era necesaria para el nuevo DCU y probablemente sea lo más valioso de toda la película, incluso si algunas inconsistencias narrativas impiden que esa reconstrucción resulte completamente sólida.

El resto funciona como una aventura espacial correcta, con algunos destellos de humor y una protagonista convincente, pero demasiado preocupada por parecerse a otras franquicias antes que por definir qué hace única a esta nueva Supergirl.