La Invitación: una comedia sobre el deseo y el desgaste de pareja
¿Puede una relación seguir funcionando cuando el deseo desaparece y hasta las ganas de conocerse otra vez parecen haberse perdido? Esa es la situación que plantea La Invitación, la tercera película como directora de Olivia Wilde. La cinta está protagonizada por la propia Wilde junto a Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton.
La película sigue a Joe y Angela, un matrimonio que lleva años juntos. Su convivencia se ha convertido en una rutina marcada por el cansancio, la frustración y cierta distancia emocional. Joe alguna vez fue un músico con aspiraciones, pero ahora trabaja como profesor de música y parece haber perdido buena parte de su energía. Angela, más ansiosa y controladora, se ha acostumbrado a organizar su vida alrededor de su familia.
Una noche invitan a cenar a sus vecinos de arriba, Piña y Hawk. Ellos forman una pareja mucho más abierta sexualmente y su vida íntima ha sido durante mucho tiempo una fuente de curiosidad e incomodidad. Lo que comienza como una cena entre vecinos pronto se transforma en una conversación incómoda sobre el deseo, la pareja y todo aquello que Joe y Angela han preferido no decirse.
Una comedia sobre el deseo y la intimidad
Uno de los mayores aciertos de La Invitación es utilizar el sexo como puerta de entrada a un conflicto más reconocible: el desgaste de una relación. La película tiene algo de Carnage y de esas comedias de parejas donde una cena termina sacando todo lo que normalmente se intenta esconder. Wilde, sin embargo, le da un tono más cálido y menos cruel.

También tiene un precedente evidente en ¿Quién le teme a Virginia Woolf?. Allí, una reunión entre parejas termina convirtiéndose en un campo de batalla emocional. En ambos casos, la cena funciona como un espacio de confrontación. Lo que permanece oculto bajo la rutina comienza a salir a la superficie.
Pero Wilde lleva esa estructura hacia un terreno más contemporáneo. Joe y Angela no son enemigos. Son dos personas que llevan tanto tiempo juntas que parecen haber olvidado cómo volver a encontrarse. La llegada de Piña y Hawk altera ese equilibrio. Los obliga a mirar desde afuera aquello que ya no quieren reconocer dentro de su relación.
Ahí aparece la mejor idea de La Invitación: el deseo sexual no es realmente el problema, sino el síntoma de algo más profundo. Joe y Angela han dejado de preguntarse qué quieren del otro y qué necesitan. Incluso han dejado de preguntarse quiénes son después de tantos años juntos. El sexo aparece como una posibilidad de romper la rutina, pero también como una amenaza para las certezas sobre las que construyeron su relación.
Seth Rogen y Olivia Wilde están muy bien. Consiguen transmitir cariño, frustración y cansancio sin convertir a sus personajes en caricaturas. Penélope Cruz y Edward Norton también destacan. Piña y Hawk son mucho más que la pareja liberal que imaginan sus vecinos. También tienen contradicciones, inseguridades y necesidades muy parecidas a las de Joe y Angela.
Cuando La Invitación deja de intentar demostrar lo que quiere decir
Al principio, La Invitación está demasiado consciente de sí misma. Olivia Wilde utiliza composiciones fuera de eje, reflejos y encuadres poco convencionales. También recurre a otros recursos visuales para evitar que la película parezca demasiado teatral. El problema es que, durante buena parte del primer tramo, la puesta en escena quiere recordarnos constantemente que estamos viendo una película.

También hay momentos en los que el humor no termina de encontrar el equilibrio. La premisa permite una comedia sexual bastante atrevida. Sin embargo, algunas situaciones parecen diseñadas para provocar antes que para profundizar en los personajes. La película mejora cuando Wilde deja que los cuatro actores carguen con la historia. Entonces las miradas, los silencios y las conversaciones adquieren más importancia.
Me gustó especialmente que el sexo termine funcionando casi como una excusa para hablar de intimidad. La película parece dirigirse hacia una comedia sobre parejas liberales, pero poco a poco descubre otro interés. ¿Qué queda de una relación cuando se enfría y desaparece el deseo? ¿Qué ocurre cuando también desaparecen las ganas de conocerse otra vez?
El último tramo tiene bastante más peso del que esperaba. La película abandona parcialmente la comedia de enredos y se acerca al drama de pareja. El cambio tiene algún tropiezo y ciertas revelaciones pueden sentirse demasiado explicativas. Aun así, es donde la historia consigue mayor peso emocional. Lo que parecía una fantasía sobre intercambio de parejas termina convirtiéndose en una historia sobre personas que se preguntan si todavía quieren la vida que construyeron.
Rogen y Norton tienen aquí algunos de sus mejores momentos. Ambos consiguen darle humanidad a personajes que podrían haber quedado reducidos a estereotipos. La película entiende que detrás de sus posturas hay inseguridades, arrepentimientos y deseos. Ninguno desaparece simplemente porque una persona decida vivir de otra manera.
Lo que queda cuando termina el deseo
Quizá lo más interesante de La Invitación sea que nunca convierte el sexo en una respuesta. Puede ser una posibilidad, una fantasía o una forma de escapar de la rutina. También puede ayudar a descubrir algo que estaba escondido. Pero no puede resolver por sí solo una relación que ha dejado de funcionar.

En ese sentido, la película termina hablando de algo mucho más universal que las relaciones abiertas. Habla de la necesidad de sentirse elegido, deseado y conocido por la persona con la que compartimos nuestra vida. También habla de lo fácil que es confundir estabilidad con felicidad.
La película está basada en Els veïns de dalt, la obra teatral de Cesc Gay que también fue llevada al cine como Sentimental. Wilde conserva buena parte de esa estructura, pero encuentra una mirada más cálida y menos cínica sobre sus personajes. Puede que La Invitación no sea siempre igual de sólida y que su duración termine pesando en algunos momentos. Pero cuando deja de intentar demostrar lo que quiere decir y simplemente observa a estas dos parejas, encuentra algo bastante más valioso que una comedia sobre sexo: una película sobre lo difícil que puede ser seguir amando a alguien cuando ya no sabemos cómo volver a mirarlo.