Jim & Andy: Más allá del mimetismo | Cine O'culto

Jim & Andy: Más allá del mimetismo

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Mucho se ha hablado sobre la salud mental de Jim Carrey en los últimos años, particularmente a partir del suicidio de su novia en 2015, pero como los chismes de farándula no son materia de nuestra competencia, dejemos a los tabloides los detalles y ocupémonos de la condición de la cabeza del actor canadiense sólo a partir del vínculo que ésta tiene con su participación en dos películas: “Man on the Moon” (Milos Forman, 1999), y “Jim & Andy: The Great Beyond — Featuring a Very Special, Contractually Obligated Mention of Tony Clifton” (Chris Smith, 2017).

La primera relata la vida y obra del controvertido comediante norteamericano, Andy Kaufman, encarnado por Carrey, mientras que la segunda descubre un pietaje inédito en el que se documentó el detrás de cámaras the “Man on the Moon”, y recapitula el intenso proceso creativo para la construcción del personaje en voz del propio Carrey.

Andy Kaufman, cuya comedia ha sido definida por algunos como dadaísta, fue el ídolo de Carrey desde sus días de infancia en Canadá. Cuando supo que el galardonado cineasta Milos Forman no tenía interés en él para su película, Carrey preparó una cinta a manera de audición, recreando famosas interpretaciones de Kaufman, con lo que el director checo se convenció de darle el papel.

Carrey narra que contemplaba el océano luego de recibir la noticia, en un intento de comunicarse telepáticamente con Andy (muerto desde 1984), cuando un amplio grupo de delfines saltó del agua, lo que él interpretó como un mensaje del mismo Kaufman que le notificaba que debía hacerse a un lado porque él mismo estaría haciendo la película sobre su vida. En un sugerente acto de posesión, Carrey confiesa: “Lo que sucedió después estuvo fuera de mi control”.

La interpretación de Carrey en “Man on the Moon” fue bien recibida por la crítica y convenció incluso a hasta entonces escépticos de su capacidad, como yo. Hasta ahora, salvo por los involucrados en la filmación, se desconocía la intensidad con la que Carrey llevó al extremo su método de actuación (¿o fue Andy valiéndose de Jim?).

Una vez comenzado el rodaje Carrey se asumió, delante y detrás de cámaras, como Kaufman o su irreverente alter ego, Tony Clifton, según quién tuviera llamado para filmar. El equipo de producción pasó de experimentar un estado de caos a asumir la situación como irremediable, al punto de que el mismo Forman se refería a Jim como Andy y solicitaba a Andy pasar recados a Jim cuando se requería su atención en algo.

Las cien horas de material del detrás de cámaras que se enfocan en seguir a Carrey en el proceso de filmación de “Man on the Moon”, fueron recopiladas por un equipo encabezado por Lynne Margulies, documentalista y novia de Kaufman, quien fuera interpretada por Courtney Love, y la mano derecha, co-escritor, cómplice y mejor amigo de Kaufman, Bob Zmuda, encarnado por Paul . Para la construcción del documental, su director, Chris Smith, se valió principalmente de ese pietaje y recurrió a escenas de archivo de Kaufman y de la infancia de Carrey, sus albores como comediante, las películas que lo llevaron a la fama y entrevistas en diferentes etapas de su carrera. Sin embargo, lo que determina este trabajo cinematográfico, producido por Spike Jonze y adoptado por Netflix, es el testimonio de un quincuagenario Jim Carrey que se expone sincero ante la cámara, que recapitula y concluye, reflexivo y filosófico, sobre su trayectoria, sus decisiones, la impronta que le dejó el interpretar a Kaufman y hasta el papel que todos jugamos con miras a ser aceptados: “el avatar que creas… que te hace popular… ese no es quien tú eres… haces lo que sea necesario para lucir como un ganador”, una pertinente reflexión en tiempos del “like” como validación fundamental.

En resumen, para una óptima comprensión de “Jim & Andy” conviene revisar “Man on the Moon”, para entender a Carrey, hay que alejarse de los tabloides y escucharlo en “Jim & Andy”. Mientras que, para acercarse a Kaufman sólo hay que dejarse llevar, para disfrutar de su genialidad sin complicarse demasiado, — o bien buscarlo por allí como han hecho muchos en la creencia de que su muerte fue otra de sus célebres falacias.


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