Savages, la narco comedia de Oliver Stone | Cine O'culto

Savages, la narco comedia de Oliver Stone

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A poco más de seis años de su estreno, Salvajes (2012) de Oliver Stone, continúa en el radar al tratarse de una problemática que no ha expirado por el inagotable poder del narcotráfico en varios rincones del mundo. Pese a que varias escenas del largometraje dejan en duda si se trató de un chiste intencional; si se quiso hacer una calca del libro homónimo en que se basa, o quisieron alejarse lo más posible de la realidad a través de los excesivos e insufribles clichés de la película, es digna de ubicar como referente de varios estilos; desde el thriller, hasta el drama y el simplón género de acción.

La película, que contó con la participación del propio autor de la novela, Don Winslow y con Shane Salerno para la realización del guión, está ambientada en el marco de la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, que implicó un grotesco derroche de miles de millones de pesos (y dólares) para lograr el triunfo del actual presidente; así como el regreso de la hegemonía priista luego de 12 años de ausencia, lo cual impactó tanto en México como en Estados Unidos y otros países.

Es en esta coyuntura que se desarrolla la historia de Ben (Aaron Johnson) y Cho (Taylor Kitsch). El primero, enseña a leer a niños en África y es graduado de Berkeley en negocios y botánica; mientras el segundo es violento, se encuentra en constante lucha con sus demonios internos y es ex miembro de la armada SEAL. Ambos son de California, por lo cual obviamente, fuman mariguana y surfean (los californianos no hacen otra cosa, ¿o sí?).

Un día, en un momento de inédita lucidez deciden dedicarse a comercializar mariguana. Eso sí, con todo y lo ilegal, consiguen establecer su proyecto sin víctimas, ni victimarios, sin sangre, sin violencia… sin problemas. Es más, hasta lo vuelven una especie de actividad sustentable, ya que su distribución es mayormente para fines medicinales y en menor medida para la recreación. Como sea, sus bolsillos se hinchan de dinero.

En este mundo color de rosa, su producto ostenta el título de “el mejor de todo el mundo”, por su potente efecto y niveles únicos de “pureza”, al ser semillas cultivadas de cannabis provenientes de Afganistán, ya que de acuerdo con Chon, de allá viene la hierba de mejor calidad a nivel mundial.

Por si fuera poco, nuestros personajes comparten sin líos el amor de una hermosa joven, libre, valerosa y entregada al amor. Bueno, así la intenta retratar Stone, pero en realidad es una niña rica sin preocupaciones ni quehacer, protagonizada por Blake Lively, llamada Ophelia o simplemente “O”, quien para validar su enternecedora poligamia argumenta que las contrastantes personalidades de Chon y Ben constituyen el hombre ideal. A ambos los ama incondicionalmente por igual y ellos la aman sin afectar su amistad.

Sin que se lo esperen, un día tienen el infortunio de recibir por correo electrónico (o al menos eso se asume) un video del crimen organizado de México, en el que pueden verse varios cuerpos degollados, incluyendo una amenaza de que les espera lo mismo si no se asocian con el Cártel de Baja. Ben y Chon rechazan la oferta, “O” es secuestrada por Elena Sánchez, lideresa del cártel, conocida como “la Reina Roja”, protagonizada evidentemente por Salma Hayek.

Luego de ello, intentan rescatar a “O” en una inverosímil lucha de 131 minutos, que pareciera plagiada de lo que se ha visto en películas de Robert Rodríguez, tales como Pistolero (1995), Erase una vez en México (2003) o Machete (2010).

Además, los personajes se rigen bajo el modelo obsoleto de películas ochenteras. Vemos a héroes que son gringos buena onda, audaces, valientes, honorables, inteligentes, bien parecidos, siempre luchadores de una causa justa y dispuestos a todo con tal de salvar a la doncella. En tanto, los malvados, por supuesto no son estadounidenses (como ya se mencionó, mexicanos); ven películas de Pedro Infante, hablan spanglish, son delincuentes de poca monta, traicioneros y manipuladores, pero al mismo tiempo, torpes y fáciles de engañar.

Por otro lado, la colorida fotografía del filme dota a la historia de un tono caricaturesco, por lo que hay dos opciones: enojarse por el retrato poco fiel a la realidad de cómo opera el crimen organizado, o tomarlo como una adaptación no palomera en la que es factible disfrutar de entretenidas secuencias de acción; que pese a la larga duración del filme, se desarrollan a buen ritmo y logran mantener interés por la historia. Además, cuenta con excelentes actuaciones (excepto por Salma Hayek), algunas escenas excesivamente violentas y un par de gags que logran una película interesante, que por la forma de abordar un tema serio que aqueja a México y varios países desde hace años, es una cinta que da para un sinfín de análisis, tanto de los gustos más exigentes como por parte de las miradas más impresionables.