La favorita - Dolor y sexo | Cine O'culto

La favorita – Dolor y sexo

- Por

Con su última película Yorgos Lanthimos se distancia de sus primeras obras definitivamente, manteniendo su estilo provocador donde mundos aparentemente conocidos no son lo que parecen y las familias, de sangre o artificiales, son un factor esencial de todos los problemas de los personajes que habitan sus películas. En La favorita (The favourite, 2018), nos narra la relación entre la reina Ana Estuardo (Olivia Colman), Lady Malborough (Rachel Weisz) y Abigail (Emma Stone), tres mujeres ambiciosas y poderosas que buscan mantener o recuperar un estatus social, amar y ser amadas sin perder sus privilegios y libertad. Con ella, Lanthimos y su equipo consiguieron diez nominaciones a los Oscars, de las que solo el de mejor actriz fue a parar a las manos de Olivia Colman.

Otros mundos

Las películas de Yorgos Lanthimos se caracterizan por partir de premisas llamativas, acudiendo a espacios reconocibles por el espectador, pero habitados por personajes extraños a ellos. En cierto modo, se tratan de historias con tintes distópicos que van desde entornos herméticos –Canino (2009)– a otros más abiertos. Así, en Alps  (2011) o Lngosta (Lobster, 2015) se producen conflictos entre lo íntimo y lo público, mientras que Canino o El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer, 2017) se centran en un universo constreñido por la familia. Porque, para Lanthimos, la familia se erige como pilar de la sociedad occidental decimonónica y es la creadora de los sueños y los monstruos que la asolan desde entonces.

Tanto es así, que en Alps, la empresa en la que trabaja la protagonista ofrece la posibilidad de edulcorar el duelo por la pérdida de un familiar sustituyendo al difunto por uno de sus empleados. Sobre esta coyuntura, entre la exposición a un extraño y la adopción de este como un objeto de consumo privado, también se sustenta la premisa de Lobster. En esta, el protagonista se interna en un hotel para solteros porque el mundo real es para las parejas. Solo si encuentran a su media naranja podrán salir de aquel purgatorio. Enclaustrados en un lugar sin amor, lo privado es totalmente cercenado por lo público.

Sin embargo, en La favorita (2018), Lanthimos parte de una base histórica, la de Ana Estuardo y se inmiscuye en su lecho para exponer al público sus secretos más personales. El enfrentamiento entre Lady Malborough y su prima Abigail por obtener el favor de la reina Ana supone un asunto de Estado, ya que como la propia reina afirma: “es mi estado, yo soy un asunto de Estado”. El distanciamiento entre Lady Malborough y la reina se produce por asuntos públicos, lo que le permite a Abigail echar el lazo a la reina en lo privado.

Fuente: imdb.com

La madurez de Lanthimos

La favorita se ha convertido en la película de Lanthimos donde su escritura cinematográfica es más rica y polivalente. Los abusivos grandes angulares de El sacrificio de un ciervo sagrado¸ se transforman en ventanales al absurdo gracias al efecto del ojo de pez. Los deformados planos amplísimos que muestran la opulencia monárquica sirven como introducción a la incredulidad de sucesos que ocurren dentro de palacio. Por ejemplo, la propia reina Ana perdida en su hogar, las carreras de patos o los aristócratas tirando frutas a otro semejante desnudo frente a un biombo.

Otros recursos utilizados de forma novedosa son los fundidos encadenados, que se alejan de la crudeza de sus anteriores filmes, cuyos cortes eran mucho más drásticos. En esta ocasión, Lanthimos apuesta por la fluidez del relato a la vez que apuntala con fundidos la conexión entre las tres mujeres. Así como, el uso de luz natural fue posible gracias a las enormes ventanas que iluminan todo el palacio, ofreciendo así caminos narrativos contrapuestos entre la exposición pública (luz natural) y la intimidad de los dormitorios, donde predomina la luz de las velas, construyendo una atmósfera íntima donde se esconden los secretos de la corte.

También hay novedades en cuanto al montaje. Con este se puede comprimir o extender el tiempo a gusto del cineasta. En este caso, Lanthimos y su editor, Yorgos Mavropsaridis, tomaron dos decisiones que destacan en el conjunto: la estructura teatral del relato y una narración comprimida. Con lo primero, se le proporciona una naturaleza de época al relato que colisiona con los anacronismos y ambientación y vestuario más frescos de lo que acostumbra a verse en los dramas de época británicos. El segundo, incide en la fluidez del ritmo y permite conectar acciones y personajes de distintos tiempos en una misma unidad narrativa. Esto lo consigue apoyándose en el sonido y anticipando elementos visuales de la siguiente secuencia como, por ejemplo, cuando Ana y Abigail bailan en el dormitorio real al ritmo de una serie de disparos en off. A continuación, Lady Malborough aparece como la ejecutora de dichos disparos, no necesariamente en el mismo espacio y tiempo.

Element Pictures/Fox Searchlight Pictures

«Love has limits»

La moral expuesta en la película es obviamente anacrónica y como cualquier filme basado en acontecimientos o personajes del pasado se alimenta del pensamiento contemporáneo de los creadores. De este modo, la tensión entre Eros y Thanatos recorre todo el relato. Para Lanthimos sexo y dolor conviven en simbiosis: Abigail baja del carro empujada por un caballero, que se estaba masturbando, y por ello cae al “barro”, el primer acercamiento de Abigail con la reina es debido a sus dolores de gota que, posteriormente, derivan en encuentros más placenteros para ambas, o Lady Malborough acaba en un burdel tras ser envenenada y caer de su caballo.

El dolor, como experiencia de muerte, es exageradamente físico: varazos, gota, cicatrices, caídas, etc. En este triángulo femenino se ejerce una relación directa entre poder y dolor. Quien ostenta el poder, tiene la capacidad de infligir dolor, pero también placer.

Fuente: imdb.com

Para finalizar, a modo de síntesis crítica, de entre todos los recursos utilizados por Lanthimos el  que más impresiona es el hilarante fundido encadenado final. En él, la reina, su favorita y los conejos de aquella se intercalan ad absurdum. La reina tiene hasta diecisiete conejos, uno por cada hijo que ha perdido, por lo que, más allá de la escasamente sutil metáfora que se puede entrever del Estado por encima de cualquier vasallo, sea noble o pueblo llano; plantea cuestiones sobre la maternidad que son tocadas implícitamente durante el filme. La desdicha de la reina, incapaz de tener hijos supervivientes, entronca con la repulsión o indiferencia hacia el sexo con el hombre y la satisfacción del sexo homosexual (patente a lo largo del relato). Pero Lanthimos no solo lanza una pregunta final, cuya congruencia sería cuestionable sino fuera porque mantiene la escala de planos entre la reina y Abigail, demostrando que el poder lo mantiene la monarca, mientras sus “hijos” devoran la pantalla hasta hacerla inasible.