«Another Round»: la celebración de las derrotas individuales

- Por

Como una droga socialmente aceptada, el alcohol suele estar muy presente en nuestras vidas, quizá más de lo que quisiéramos aceptar. ¿Cuántas veces no nos hemos envalentonado para hacer algo cuando traemos “unas copitas de más”?, ¿cuántas reuniones no se tornan más amenas cuando se disfruta de cualquier tipo de alcohol? Ante estos cuestionamientos, surge uno más de carácter inevitable: ¿realmente lo necesitamos para una interacción social más efectiva?

La respuesta, por supuesto, es que no (o al menos eso esperamos), pero entonces, ¿por qué recurrimos a la botella? En Otra Ronda (Another Round, 2020), Thomas Vinterberg no pretende hacer un estudio exhaustivo de cómo la gente se pierde en el alcoholismo; en su lugar, el aclamado director danés nos muestra la bebida como una oportunidad de encontrar el espíritu perdido a través de los años, muy peligrosa sin duda, pero irresistible para muchos, a fin de cuentas.

Martin (Mads Mikkelsen), un profesor de preparatoria, se encuentra frustrado ante el estado en el que se encuentra su vida. Despreciado por sus alumnos, quienes lo encuentran poco interesado por ellos, y por su esposa, quien ya no se siente emocionada su lado, el hombre entiende que debe hacer algo para recuperar su chispa. Sus amigos, todos profesores cuarentones en la misma escuela, están más o menos en la misma situación.

Una noche, mientras cenan por el cumpleaños de uno de ellos, la charla trae a colación la teoría de un psiquiatra en la que se postula que tener 0.05 por ciento de alcohol en la sangre de forma constante permite a una persona mantenerse abierta, relajada y creativa. Seducidos por la posibilidad de afrontar su vida de forma distinta, los amigos comienzan el experimento, el cual no tarda en salirse de control.

Otra Ronda
Crédito: Zentropa, Film i Väst, Nordisk Film

Parte de la selección oficial de la pasada edición del Festival de Cannes, y preelegida para representar a Dinamarca en la próxima entrega de los Óscar, Otra Ronda reúne a Mikkelsen con Vinterberg tras La Caza (The Hunt, 2012), una de las cintas más celebres del cine danés del presente siglo.

En esta ocasión, el otrora exponente del Dogma 95 retoma la comedia desplegada en sus lejanos inicios para abordar una problemática de su país, en donde las autoridades están preocupadas por el hecho de que solo el 2 por ciento de 30,000 mil jóvenes con problemas de alcoholismo está tratando su problema. Y aunque esta realidad es explorada hasta cierto punto en la película, el cineasta se interesa más por los adultos de su edad, individuos que, a diferencia de los jóvenes, beben, al menos en esta historia, para volver a encontrarse a sí mismos.

Aunque la trama gira alrededor de la experiencia con el alcohol de los cuatro amigos que conforman el grupo, Mikkelsen se roba toda la atención. El veterano actor, emblema del cine danés contemporáneo, brilla como no lo hacía precisamente desde su más reciente trabajo con Vinterberg.

Aunque se ha mantenido bastante prolífico, sobre todo en Hollywood, Mikkelsen parece encontrar lo mejor de sí cuando trabaja en su país. Basta con ver lo que ha hecho bajo las órdenes de Susanne Bier (Después de la Boda), Nikolaj Arcel (La Reina Infiel) y Nicolas Winding Refn (Pusher II) para darse cuenta de ello. Ahora, con Vinterberg, el actor encarna a un tipo cualquiera que encuentra en el alcohol la llave para abrir nuevamente la puerta de la felicidad; sin embargo, las cosas no salen exactamente como hubiera esperado. El descontrol y la tentación de ver “qué pasaría si…” resultan incompatibles con el papel que juegan como padres y profesores.

Otra Ronda
Crédito: Zentropa, Film i Väst, Nordisk Film

Si bien el protagonismo recae sobre el personaje Mikkelsen, el resto de los amigos también enfrentan sus propios problemas, los cuales permiten a Vinterberg mostrar facetas más patéticas y lastimosas del asunto en el que se han metido. Nikolaj (Magnus Millang), por ejemplo, lidia con los retos de la paternidad en una familia numerosa para los estándares actuales; Tommy (Thomas Bo Larsen), por otro lado, encuentra en el alcohol un nuevo amigo para aliviar la soledad que ha marcado su vida.

Pero lo que todos comparten es ese miedo a ser olvidados, que su vida haya sido tan aburrida que nadie más se moleste en pronunciar su nombre una vez que hayan dejado de existir. Lo que el alcohol les ofrece es demasiado irresistible como para no probarlo.

Vinterberg realmente no emite un juicio sobre la relevancia social del alcohol; de hecho, Otra Ronda no tiene nada nuevo qué decir sobre los peligros del alcoholismo. Vamos, sabemos lo que pasa cuando uno bebe hasta perder el conocimiento una y otra vez. Lo que le sucede a estos personajes es más bien una crisis existencial, la cual, equivocadamente, piensan que podrán superar estando constantemente embriagados.

Por ello, la reiteración a Kierkegaard en la película parece más que apropiada. Cuando uno de los amigos le da un poco de alcohol a uno de sus alumnos para que se relaje durante su próximo examen oral, este, irónicamente, hace referencia al concepto de la angustia según el filósofo, o sea, “cómo un ser humano afronta la noción de fallar y haber fallado. Aceptarse como falible para amar a los demás y la vida”. Martin y los otros no pueden aceptar su fracaso profesional y personal, por lo que adecúan la frase de “atreverse es perder el equilibrio momentáneamente” para servir a sus necesidades.

Otra Ronda
Crédito: Zentropa, Film i Väst, Nordisk Film

Otra Ronda parte de una premisa que puede sonar ridícula y digna de cualquier comedia burda; sin embargo, Vinterberg y el coguionista Tobias Lindholm consiguen abordarla con el tono adecuado y sin caer en moralismos.

La escena final, magnífica y contagiosa, lanza a Martin hacia una celebración sin igual, una que enmarca su fracaso individual y la aceptación de este; después de todo, eso es parte de lo que nos distingue como humanos. Dulce licor, suave tormento.