La Anatomía de los Caballos: una revolución del pasado que vuelve a aparecer en el Perú del presente

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El cine peruano vuelve a mirar hacia los Andes con La anatomía de los caballos, ópera prima del director peruano Daniel Vidal Toche, una película que conecta dos momentos de la historia del país separados por más de dos siglos. La historia parte de Ángel Pumacahua, un revolucionario del siglo XVIII que, después de participar en la rebelión de Túpac Amaru II, termina llegando al Perú contemporáneo, donde conoce a una joven pastora de llamas involucrada en un conflicto con una empresa minera.

La película utiliza este encuentro entre pasado y presente para construir una historia que combina elementos históricos, ciencia ficción y drama social, mientras explora cuestiones relacionadas con la memoria, el territorio y las luchas que atraviesan distintas generaciones. Su recorrido internacional comenzó en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, donde tuvo su estreno mundial en la sección Proxima.

De la rebelión de Túpac Amaru al Perú contemporáneo

La anatomía de los caballos comienza en 1781. Ángel Pumacahua regresa a su comunidad después de una batalla vinculada con la rebelión de Túpac Amaru II, pero un acontecimiento extraordinario cambia el rumbo de su historia: la caída de un meteorito provoca una ruptura temporal que lo lleva hasta el siglo XXI.

En este nuevo tiempo conoce a Eustaquia, una joven pastora de llamas que busca a su hermana desaparecida. La búsqueda la lleva a enfrentarse a un conflicto que involucra a su comunidad y a una empresa minera, estableciendo un vínculo entre las luchas de dos épocas diferentes. El personaje de Ángel llega desde una rebelión del siglo XVIII y se encuentra con un presente en el que los conflictos por el territorio y el poder siguen formando parte de la vida de las comunidades andinas.

La película no plantea estos dos momentos históricos como acontecimientos completamente aislados. Al hacer que sus protagonistas de distintas épocas compartan un mismo espacio, Vidal Toche establece un diálogo entre las formas de resistencia del pasado y los conflictos del presente.

Una historia sobre el tiempo y la memoria

El viaje temporal es uno de los principales recursos narrativos de la película, pero no funciona solamente como un elemento fantástico. La propuesta de Vidal Toche está relacionada con una concepción del tiempo vinculada a la cosmovisión andina, en la que pasado y presente no necesariamente tienen que entenderse como momentos completamente separados.

Esa idea también atraviesa la relación entre Ángel y Eustaquia. Sus historias ocurren en momentos diferentes, pero ambos personajes terminan enfrentándose a estructuras de poder que condicionan sus comunidades. El pasado aparece entonces como algo que todavía puede intervenir en el presente, no solamente como un recuerdo histórico.

El propio título, La anatomía de los caballos, apunta hacia una película interesada en observar las distintas partes que componen una historia y las conexiones que pueden aparecer entre ellas. El resultado es una narración que se mueve entre diferentes tiempos y que utiliza esa estructura para hablar de la memoria y de aquello que permanece.

El quechua como parte de la película

El quechua tiene también un papel importante dentro de La anatomía de los caballos. La lengua forma parte de la construcción de los personajes y del universo andino en el que se desarrolla la historia, pero también se relaciona con la búsqueda del director por trabajar una concepción diferente del tiempo y de la experiencia.

La película no utiliza los Andes únicamente como escenario para una historia que podría ocurrir en cualquier otro lugar. El territorio y las comunidades forman parte de la propia narración, y la relación con la tierra es uno de los elementos que conectan las dos épocas que presenta la película.

Esto resulta especialmente relevante en el conflicto contemporáneo de Eustaquia, donde la presencia de una empresa minera introduce una disputa por el territorio y permite establecer un vínculo con las luchas políticas y sociales que aparecen en la historia de Ángel.

Una ópera prima que mezcla géneros

Para su primer largometraje, Daniel Vidal Toche decidió combinar elementos que habitualmente aparecen en películas muy diferentes. La anatomía de los caballos incorpora reconstrucción histórica, ciencia ficción, drama social y una mirada sobre la realidad contemporánea de las comunidades andinas.

Antes de realizar este largometraje, Vidal Toche había dirigido Salir de aquí, un mediometraje que tuvo presencia en distintos festivales internacionales. Su formación incluye estudios de Comunicación Audiovisual en la Universidad de Lima y posteriormente cine documental en la ECAM de Madrid.

Con La anatomía de los caballos, el director lleva ese interés por la realidad y la experimentación narrativa a una historia que necesita desplazarse constantemente entre distintas épocas para construir su propuesta.

Los Andes como territorio de la historia

El paisaje andino tiene una presencia fundamental en la película. Las montañas y los espacios abiertos no funcionan simplemente como telón de fondo, sino como parte del mundo que comparten los personajes. El territorio es lo que permite conectar las historias de Ángel y Eustaquia y, al mismo tiempo, aquello por lo que las comunidades continúan enfrentándose en el presente.

La película también evita separar completamente la historia del territorio que la produce. La rebelión de Ángel pertenece a un momento específico de la historia peruana, mientras que el conflicto de Eustaquia nace de una realidad contemporánea, pero ambos están relacionados por el espacio andino en el que se desarrollan.

De esta manera, La anatomía de los caballos utiliza el paisaje no solo para construir una identidad visual, sino también para hablar de la relación entre memoria, territorio y resistencia.

Una película peruana con recorrido internacional

El estreno mundial de La anatomía de los caballos ocurrió en el Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, dentro de la sección Proxima, dedicada a propuestas cinematográficas que buscan explorar nuevas formas de narración.

La película continuó posteriormente su recorrido por festivales internacionales, entre ellos el Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde recibió reconocimientos en las categorías de Mejor Fotografía y Mejor Dirección Artística. También formó parte de la programación de la Mostra Internacional de Cinema de São Paulo.

Este recorrido permitió que la ópera prima de Vidal Toche encontrara un espacio fuera del circuito peruano y pusiera nuevamente en el mapa internacional una película peruana construida desde los Andes y desde una combinación poco convencional de géneros.

El pasado no está tan lejos

En La anatomía de los caballos, Daniel Vidal Toche utiliza un viaje temporal para poner frente a frente dos momentos de la historia peruana. Ángel viene de una época marcada por la rebelión de Túpac Amaru y llega a un presente en el que Eustaquia enfrenta un conflicto diferente, pero relacionado nuevamente con el poder, el territorio y la resistencia de una comunidad.

La película no plantea que la historia se repita exactamente, sino que existen conflictos que pueden reaparecer bajo circunstancias distintas. El pasado de Ángel y el presente de Eustaquia terminan dialogando porque ambos personajes pertenecen a sociedades que, pese a estar separadas por siglos, continúan enfrentándose a preguntas sobre quién tiene derecho a decidir sobre un territorio y sobre la capacidad de una comunidad para defenderlo.

Con esta mezcla de historia, ciencia ficción y realidad contemporánea, La anatomía de los caballos se presenta como una de las propuestas peruanas que buscan mirar los Andes desde una perspectiva distinta, utilizando el cine para conectar aquello que ocurrió hace siglos con los conflictos que todavía forman parte del presente.