Parallel Tales: Asghar Farhadi juega con la frontera entre la ficción y la realidad

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Hay algo que Asghar Farhadi ha hecho especialmente bien a lo largo de su carrera: tomar situaciones aparentemente cotidianas y convertirlas en conflictos morales donde la verdad nunca es tan sencilla como parece. En Parallel Tales (Histoires parallèles), sin embargo, el director de Una separación y El cliente lleva ese mecanismo a un terreno distinto: la propia película empieza a preguntarse dónde termina la realidad y dónde comienza la ficción.

La película, rodada en Francia y protagonizada por Isabelle Huppert, Virginie Efira, Vincent Cassel, Pierre Niney y Adam Bessa, compitió por la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2026 y ahora llega al 30.º Festival Internacional de Cine de Lima PUCP dentro de la sección Aclamadas.

Una escritora que espía a sus vecinos

Sylvie es una escritora que atraviesa una crisis creativa. En busca de inspiración para su próxima novela, comienza a observar desde su departamento a los vecinos que viven en el edificio de enfrente.

Entre ellos está Adam, un joven que empieza a trabajar para ayudarla con sus tareas cotidianas. También están los trabajadores de un estudio de grabación situado frente a su casa: personajes interpretados por Virginie Efira, Vincent Cassel y Pierre Niney.

Sylvie comienza a imaginar sus vidas y convierte lo que observa en material para su novela. El problema aparece cuando la ficción que ha construido empieza a interferir con la realidad.

Ese es el punto de partida de Parallel Tales: una película en la que observar a los demás deja de ser un acto inocente y escribir sobre ellos comienza a tener consecuencias.

La realidad que se convierte en ficción

La estructura de la película es quizás su elemento más interesante.

Farhadi plantea dos versiones de una misma realidad: lo que realmente ocurre frente a los ojos de Sylvie y lo que ella imagina que está ocurriendo.

La escritora observa a sus vecinos y construye una historia alrededor de ellos. Pero el espectador también recibe esas dos posibilidades y debe preguntarse constantemente qué pertenece a la realidad y qué pertenece a la imaginación de Sylvie.

De esta manera, el director transforma una historia de voyeurismo en una reflexión sobre el poder de la ficción para modificar nuestra percepción de las personas.

Porque cuando observamos la vida de alguien desde afuera, inevitablemente rellenamos los espacios que no conocemos con nuestra propia imaginación.

El fantasma de Kieślowski

Hay una referencia fundamental para entender Parallel Tales: Krzysztof Kieślowski.

La película parte de elementos de No amarás, el sexto episodio de Dekalog, que Kieślowski convirtió posteriormente en el largometraje No amarás / A Short Film About Love. En aquella historia, un joven observaba desde su ventana a una mujer y desarrollaba una obsesión por ella.

Farhadi toma aquella premisa y la lleva hacia otro lugar.

Ya no tenemos simplemente a un voyeur fascinado por una desconocida. Tenemos a una escritora que convierte aquello que observa en una historia.

El vínculo con Kieślowski tampoco es únicamente argumental. La música de Parallel Tales está compuesta por Zbigniew Preisner, colaborador habitual del cineasta polaco, y la película está llena de referencias al universo de Kieślowski.

Incluso el propio título parece apuntar hacia esa idea: dos relatos que avanzan en paralelo y que, poco a poco, empiezan a mezclarse.

Un Farhadi diferente

Aunque la película conserva algunas de las preocupaciones habituales del director iraní —las relaciones humanas, el deseo, los secretos y la dificultad de conocer realmente las intenciones de los demás—, Parallel Tales supone un cambio importante en su forma de narrar.

Farhadi ha construido buena parte de su prestigio alrededor de dramas realistas en los que una pequeña decisión desencadena una cadena de consecuencias. Aquí, en cambio, juega abiertamente con la estructura narrativa.

El propio director explicó durante Cannes que quería experimentar con formas de narración que anteriormente había evitado. La película, además, representa otro capítulo de su etapa de trabajo fuera de Irán y está hablada en francés.

El resultado es una película menos interesada en construir un misterio tradicional que en preguntarse cómo construimos nuestras propias versiones de la realidad.

Un reparto francés de lujo

Para llevar adelante este experimento, Farhadi reunió a un reparto excepcional.

Isabelle Huppert interpreta a Sylvie, la escritora que observa y transforma la vida de los demás en material literario. Virginie Efira, Vincent Cassel y Pierre Niney completan el grupo de personajes cuyas vidas empiezan a confundirse con la ficción que Sylvie está escribiendo. Adam Bessa interpreta a Adam, cuya llegada termina alterando el equilibrio de la historia.

La película cuenta además con una breve aparición de Catherine Deneuve, otro de los nombres históricos del cine francés.

Es un reparto que, en cierto modo, refuerza el juego de Farhadi: actores reconocibles interpretando personajes que a su vez son observados, imaginados y reinterpretados por otra persona.

Cuando el cine empieza a mirar al espectador

Quizás la idea más interesante de Parallel Tales está en que la película termina hablando también de nosotros como espectadores.

Sylvie mira a otras personas y construye historias sobre ellas sin conocerlas realmente.

Eso es, en cierto sentido, lo que hacemos cuando vemos una película: observamos a personajes durante un período limitado de tiempo y creemos conocerlos. Interpretamos sus gestos, sus silencios, sus relaciones y sus deseos.

Farhadi juega con esa idea y nos recuerda que toda historia que construimos sobre otra persona contiene una parte de nosotros mismos.

La ficción puede revelar algo verdadero, pero también puede distorsionarlo.

Y cuanto más creemos saber, más fácil es equivocarnos.

Una película recibida con opiniones divididas

El paso de Parallel Tales por Cannes generó una recepción bastante más dividida que la que suele acompañar a las películas de Farhadi.

Algunos críticos valoraron precisamente su voluntad de experimentar y su juego con la ficción y la realidad. Time Out, por ejemplo, destacó la ambición de su estructura y su inspiración en Kieślowski.

Otros fueron mucho más críticos. The Guardian la consideró un drama de alcance medio, mientras que South China Morning Post cuestionó que el elaborado reparto y la puesta en escena consiguieran generar suficiente tensión.

Incluso dentro de la crítica especializada hubo quienes consideraron que la película resulta más interesante como experimento sobre Kieślowski y sobre la relación entre ficción y realidad que como drama convencional.

Y quizás precisamente por eso resulta una película interesante para discutir: no parece querer repetir la fórmula que convirtió a Farhadi en uno de los grandes nombres del cine contemporáneo.

El regreso de un cineasta que quiere jugar

Después de películas como Una separación, El pasado, El cliente y Todos lo saben, Farhadi podría haberse limitado a perfeccionar una fórmula que ya conoce. Parallel Tales hace lo contrario.

Es una película sobre una escritora que inventa historias a partir de la vida de otras personas, pero también puede verse como la película de un director que se permite jugar con las historias que ha contado durante toda su carrera. Ya no se trata solamente de descubrir quién tiene la razón o quién está mintiendo. Ahora la pregunta es más incómoda:

¿Qué parte de lo que estamos viendo es verdad y cuánto de esa verdad ha sido inventado por alguien que necesita una historia? Y cuando la película termina mezclando esas dos cosas, Farhadi nos deja precisamente donde mejor funciona su cine: sin estar completamente seguros de cuánto conocemos realmente a los demás.