El Partido: el documental que convierte un partido de fútbol en una historia sobre guerra, memoria y rivalidad

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Hay partidos de fútbol que terminan cuando el árbitro pita el final. Y hay otros que siguen jugando en la memoria durante décadas. El Partido, el documental argentino dirigido por Juan Cabral y Santiago Franco, parte precisamente de uno de ellos: el enfrentamiento entre Argentina e Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México 1986.

La película fue elegida para inaugurar el 30.º Festival Internacional de Cine de Lima PUCP, después de haber tenido su estreno mundial en la sección Cannes Première del Festival de Cannes 2026. También pasó por los festivales de Sídney y Karlovy Vary.

Pero El Partido no quiere simplemente volver a mostrar los goles de Diego Maradona. Su propuesta es mucho más ambiciosa: utilizar aquel encuentro como una puerta de entrada a la relación histórica entre dos países cuya rivalidad deportiva quedó inevitablemente marcada por la Guerra de las Malvinas.

El partido que nunca terminó

El 22 de junio de 1986, Argentina e Inglaterra se enfrentaron en el Estadio Azteca por los cuartos de final del Mundial. Cuatro años antes, ambos países habían estado en guerra por las islas Malvinas.

Por eso, cuando Maradona marcó el polémico gol conocido como la Mano de Dios y pocos minutos después convirtió uno de los goles más extraordinarios de la historia de los mundiales, aquel partido dejó de ser solamente un encuentro deportivo.

Para los argentinos, se convirtió en una victoria cargada de simbolismo. Para muchos ingleses, en una derrota difícil de separar de un conflicto político y militar todavía reciente.

El Partido intenta regresar a ese momento desde ambos lados. La película reúne testimonios de protagonistas de aquella jornada, entre ellos Gary Lineker, John Barnes, Peter Shilton, Jorge Valdano, Jorge Burruchaga y Oscar Ruggeri, además de material de archivo y testimonios de entrenadores, árbitros, hinchas, músicos y políticos.

Mucho más que Maradona

El gran riesgo de hacer un documental sobre Argentina-Inglaterra 1986 era convertirlo en otra celebración de la nostalgia futbolística.

Cabral y Franco buscan algo diferente.

La película parte del partido, pero retrocede mucho más en el tiempo para explorar más de dos siglos de tensiones entre Argentina e Inglaterra. El fútbol aparece entonces como una expresión de algo que ya existía antes: conflictos políticos, disputas territoriales, identidades nacionales y una relación históricamente compleja entre ambos países.

La Guerra de las Malvinas ocupa un lugar fundamental en esa lectura. El partido de 1986 ocurrió apenas cuatro años después del conflicto y en un momento en que la herida todavía estaba abierta.

Por eso, una de las preguntas que plantea el documental es hasta qué punto el fútbol puede convertirse en una forma de revancha simbólica.

La historia detrás de la historia

Uno de los elementos más interesantes de El Partido es que no se limita a utilizar las imágenes que todos conocemos.

Los realizadores recuperan archivos inéditos y testimonios de personas que estuvieron alrededor de aquel encuentro para reconstruir no solamente los 90 minutos, sino también todo lo que ocurrió antes y después.

Eso permite que el documental encuentre pequeñas historias dentro de una historia que parecía completamente conocida.

Las supersticiones de los jugadores, las decisiones de Carlos Bilardo, las relaciones entre los futbolistas, los objetos que sobrevivieron al partido y las distintas maneras en que argentinos e ingleses recuerdan aquel día ayudan a construir una memoria mucho más amplia que la simple repetición de los goles.

Un documental de 91 minutos

Hay además una decisión formal bastante evidente, pero efectiva: El Partido dura 91 minutos, prácticamente lo mismo que un encuentro de fútbol reglamentario.

La película parece apropiarse así de la estructura temporal del deporte que está contando. Es como si esos 90 minutos se hubieran extendido durante cuatro décadas y ahora el documental intentara volver a jugarlos desde la memoria.

La idea funciona especialmente bien porque permite que el espectador que conoce el resultado vuelva a entrar en el partido sabiendo exactamente qué va a ocurrir, pero descubriendo nuevos significados alrededor de cada momento.

De Cannes al Festival de Cine de Lima

El estreno mundial de El Partido ocurrió en mayo de 2026 en Cannes, donde fue presentada en una sala llena del Palais des Festivals. La película forma parte de la selección Cannes Première, una sección que reúne trabajos de cineastas reconocidos y nuevas propuestas con fuerte interés internacional.

La recepción internacional también ha destacado precisamente su capacidad para equilibrar las dos perspectivas. The Irish Times, por ejemplo, calificó la película de “impecablemente equilibrada” y destacó que Gary Lineker es una de las voces que aparecen con mayor frecuencia.

Ese equilibrio es importante porque El Partido podría haberse convertido fácilmente en una película argentina sobre una victoria argentina. En cambio, sus directores buscan reconstruir el acontecimiento desde ambos lados de la rivalidad.

Cuando el fútbol también cuenta la historia

Quizás esa sea la razón por la que El Partido funciona incluso para quienes no son particularmente aficionados al fútbol.

Porque la película no trata únicamente de quién ganó y quién perdió. Trata sobre cómo los pueblos convierten determinados acontecimientos en parte de su memoria colectiva.

Un partido puede convertirse en revancha de una guerra. Un gol puede adquirir un significado político. Un jugador puede transformarse en símbolo nacional. Y una derrota deportiva puede seguir doliendo cuarenta años después.

El fútbol, en ese sentido, funciona como una especie de espejo. Lo que ocurre dentro de una cancha muchas veces revela lo que una sociedad lleva consigo fuera de ella.

Por eso resulta particularmente acertado que El Partido sea la película encargada de inaugurar el Festival de Cine de Lima en su trigésima edición. El festival ha planteado esta edición alrededor de películas capaces de dialogar con el presente y de mirar el pasado para entenderlo desde nuevas perspectivas.

Y pocas películas representan mejor esa idea que esta: un partido que duró 90 minutos, pero cuya historia todavía no termina.