Jesus Christ Vampire Hunter, cuando el mesías enfrentó a seres chupasangre

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Si bien el terrorismo, los genocidios, la hambruna y el surgimiento de nuevas enfermedades son problemáticas que se perpetúan con el paso de los años, a muchas personas les preocupaba otro asunto en vísperas del año 2000: el fin del mundo.

La incertidumbre se convertía en ansiedad frente a los posibles escenarios  de ser devastados por un meteorito o por catástrofes naturales a nivel mundial. Es decir, no sólo los coches no volaban ni teníamos robots sirvientes (como se visualizaba el 2000 décadas anteriores), también el planeta corría el riesgo de extinguirse.

En ese contexto, Jesucristo fue un personaje clave, ya que había algunos con la idea de que el nuevo milenio representaba altas posibilidades de “la segunda venida”, y sería él quien castigaría a los pecadores para dejarlos pudrirse en la Tierra, mientras otorgaría vida eterna en el paraíso a aquellos con mayor devoción a su doctrina.

En Jesus Christ Vampire Hunter (2001) se atestigua el regreso del mesías a la Tierra, pero antes de encabezar el juicio final y salvarnos de la extinción por fenómenos naturales o intergalácticos, Jesucristo abandona su vida eterna en el paraíso para enfrentarse con un clan de vampiras y vampiros que amenazan con exterminar a las lesbianas de Ottawa, Canadá. Sin embargo, para su infortunio, los chupa sangre han evolucionado y son resistentes a la luz del sol.

Una vez que sus aliados sacerdotes punks informan al rey de los judíos sobre los pormenores de la batalla, inicia una serie de combates cuerpo a cuerpo entre los malignos seres que han traído terror a la Tierra y Jesucristo, quien evidentemente goza de una agilidad para pelear comparable sólo con la de Bruce Lee, pero con un toque caricaturesco.

Cuando la situación se complica, aparece El Santo, aquel legendario luchador mexicano, ídolo del pancracio, emblema de la cultura nacional y protagonista de cientos de películas, cómics y otras producciones a nivel mundial. En esta historia, se alía con Jesús para combatir a los vampiros.

Artes marciales, números musicales, tripas de goma y otras baratijas de efectos especiales, utilizadas en secuencias de acción que rebasan lo sobreactuado, deleitan al espectador durante los 85 minutos que dura el filme, lo cual remata con una conmovedora charla entre Jesús y Dios padre, quien lo ilumina con sabios consejos para emprender con éxito su aventura en la Tierra.

Quizá el único desacierto sea la inexactitud en la representación de El Santo, ya que puede herir susceptibilidades de los fanáticos del personaje de la vida real.

En conclusión, desde su título, Jesucristo Cazador de Vampiros es una película Serie B por excelencia, con un sentido del humor único: torpe y sencillo, pero al mismo tiempo insolente y ofensivo. ¿El máximo símbolo cristiano-católico está en la Tierra para enfrentar vampiros con la ayuda de El Santo? ¡Es algo que debe verse!