“The Prodigy”, la malignidad infantil y la perversión adulta

“The Prodigy”, la malignidad infantil y la perversión adulta

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En el cine de terror no son pocas las películas que deciden tomar a los niños como el receptáculo de lo maligno, lo perverso y lo sobrenatural –aunque son escazas las que consiguen transmitir un verdadero miedo-, y por supuesto esta es una idea que puede seguir explotándose hoy en día, como lo demuestra la futura versión de Pet Sematary o la próxima Brightburn; aunque si no pueden esperar a ellas, entonces The Prodigy (Maligno, 2019) del director Nicholas McCarthy es la cinta que deben ver.

Miles (Jackson Robert Scott) es un niño nacido en extrañas circunstancias, aunque son éstas las que provocan que con el paso de los años se convierta en un joven “prodigio”, pues su inteligencia supera por mucho a la de cualquier otro infante de su edad. Sin embargo, cuando cumple ocho años, sus padres comienzan a percatarse que dentro de él se está despertando un terrible y oscuro comportamiento que podría poner en peligro a todos a su alrededor.

The Prodigy. Fuente: Fotogramas
The Prodigy. Fuente: Fotogramas

En 2017 el pequeño Jackson Robert Scott realizó una interesante interpretación como el pobre Georgie en It (Eso), de Andy Muschietti, por lo cual, volver a verlo en una cinta de terror pero ahora como protagonista resultaba por demás interesante. Por desgracia, aunque The Prodigy resulta una propuesta interesante y (casi) original, también es un producto que se queda corto, pues si bien no es aburrido, se queda a mitad de camino en cuanto a la forma de explotar su historia.

Comencemos por lo bueno. La trama comienza de una manera sumamente interesante, donde vemos dos hechos por separado y que al parecer no tienen relación alguna, pero que conforme avanza la historia se van relacionando y conectando entre sí, dándonos poco a poco la clave de lo que en verdad sucede en la película.

The Prodigy. Fuente: Trailer Act
The Prodigy. Fuente: Trailer Act

Asimismo, el director logra atrapar al espectador casi de forma instantánea al presentar los primeros años de vida de Miles y sus padres (Taylor Schilling y Peter Mooney) de una forma bastante rápida, dejando en claro que desde bebé Miles ya presentaba un desarrollo cognitivo más avanzado y profundo que el de otros niños. Por ello la película no pierde tiempo en llegar a los ocho años de edad del protagonista, que es el lapso en que los eventos sobrenaturales comienzan a presentarse alrededor de él.

Por desgracia es aquí cuando la película decae poco a poco, pues si bien
el comportamiento siniestro de Miles pudo explotarse de mejor forma y durante más tiempo, éste apenas si se toca, ya que si bien lo vemos realizar algunas cuantas acciones bastante anormales –que van desde golpear brutalmente a un compañero hasta tener comportamientos libidinosos con su propia madre-, estos no se sienten tan oscuros como pudieron ser a pesar de la violencia innata y sin justificación con la que el niño procede.

The Prodigy. Fuente: ScreenGeek
The Prodigy. Fuente: ScreenGeek

Asimismo, para ser un “niño prodigio”, la inteligencia de Miles nunca se explota del todo, lo cual resulta ser un error al saber que su ingenio pudo ser la pieza clave para generar un mayor terror. Algo que hay que admitir es que cuenta con un par de secuencias muy bien logradas donde Miles adquiere comportamientos sobremanera maquiavélicos, aunque por desgracia son pocos.

Por otro lado, cuando los padres reciben la ayuda de un par de psicólogos que les explican qué es lo que está ocurriendo con Miles, es increíble la facilidad con la que aceptan la naturaleza malévola de su hijo (sobre todo la madre), lo que ocasiona que en la historia no surjan ni la tensión ni las dudas necesarias para crear una intriga bastante fuerte, pues en ningún momento se da pie a que haya “otra explicación más lógica” para el comportamiento del niño y, por ende, no hay oportunidad de sospechar entro lo racional o lo irracional.

The Prodigy. Fuente: Bustle
The Prodigy. Fuente: Bustle

No obstante The Prodigy contrarresta esto gracias a sus sustos de sobresalto, pues si bien no es una película con demasiados jumpscares, los pocos con los que cuenta se dan en el momento preciso y no se sienten tan forzados –pues incluso son muy ligeros-. Asimismo cuenta con algunas escenas (especialmente una donde el niño corre hacia su madre a mitad de un oscuro pasillo) que visualmente son más que interesantes y en donde se nos deja ver la naturaleza adulta dentro del cuerpo de Miles.

Y a pesar de que la película cuenta con una trama que tropieza bastante, logra su cometido de generar cierto miedo gracias al comportamiento de Miles, después de todo, una de las mayores premisas de estas historias es demostrar que el temperamento, la maldad y la perversión que puede albergar una persona adulta, son características que se tornan más siniestras cuando el receptáculo de estas emociones es un inocente niño.

En resumen, The Prodigy está lejos de ser tan aterradora como se prometió que sería, pero gracias a unas cuantas secuencias y a su nueva propuesta de “niños malditos” resulta ser lo bastante entretenida para vivir un buen rato de miedo, aunque un miedo bastante ligero debido a que la cinta pudo ser mucho más siniestra y, en cambio, al final deja la sensación de que algo faltó en su historia para que esto se cumpliera.