Muere Akihiro Miwa, la inconfundible voz de Studio Ghibli y una de las figuras culturales más importantes de Japón

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El mundo de la cultura japonesa está de luto. Akihiro Miwa, cantante, actor, activista y una de las voces más reconocibles del cine de Hayao Miyazaki, falleció a los 91 años por causas naturales.

La noticia fue confirmada por su agencia a través de un comunicado publicado en su sitio oficial. Según la información difundida, Miwa murió el 20 de junio debido a complicaciones propias de la edad. La familia realizó un funeral privado, respetando el deseo del artista de despedirse únicamente junto a sus seres más cercanos.

Su fallecimiento ha provocado una ola de homenajes dentro y fuera de Japón, especialmente entre los seguidores de Studio Ghibli, donde interpretó algunos de los personajes más memorables de la filmografía de Miyazaki.


La voz de Moro y la Bruja del Páramo

Aunque Akihiro Miwa desarrolló una carrera de más de siete décadas como cantante, actor de teatro y figura televisiva, para el público internacional será recordado principalmente por sus trabajos con Studio Ghibli.

En Princess Mononoke (1997) dio voz a Moro, la imponente diosa loba que protege el bosque y guía a San, uno de los personajes más importantes de la película.

Años más tarde regresó al universo de Miyazaki para interpretar a la Bruja del Páramo en Howl’s Moving Castle (2004), otro de los clásicos del estudio japonés.

Su voz grave, teatral y profundamente expresiva se convirtió en una parte esencial de la identidad de ambos personajes.


También dejó huella en Pokémon

Más allá de Ghibli, Miwa también participó en otra de las franquicias más populares de Japón.

En Pokémon: Arceus and the Jewel of Life (2009) interpretó a Arceus, uno de los Pokémon legendarios más importantes de la saga.

Ese trabajo permitió que nuevas generaciones conocieran su particular estilo interpretativo incluso fuera del cine de autor.


Mucho más que un actor de doblaje

Reducir la trayectoria de Akihiro Miwa únicamente a sus papeles en la animación sería quedarse corto.

Nacido en Nagasaki en 1935, sobrevivió al bombardeo atómico cuando tenía apenas diez años, una experiencia que marcó profundamente su vida y buena parte de su pensamiento artístico y político.

Comenzó su carrera profesional siendo adolescente y alcanzó la fama nacional en los años cincuenta gracias a su carrera musical.

Con el paso del tiempo también se convirtió en una figura pionera dentro de la televisión japonesa por desafiar abiertamente las normas de género, desarrollando una imagen andrógina que rompió numerosos estereotipos en una sociedad tradicionalmente conservadora.

Su activismo en favor de la paz, la igualdad y los derechos de las minorías terminó convirtiéndolo en una de las personalidades culturales más respetadas de Japón.


Sus últimos años

La salud de Miwa se había deteriorado durante los últimos años.

En 2019 sufrió un accidente cerebrovascular que redujo considerablemente sus apariciones públicas. Posteriormente fue disminuyendo su actividad profesional para concentrarse en su recuperación.

Según informó su agencia, durante el último año prácticamente había abandonado los escenarios y permanecía descansando en su hogar, donde su estado empeoró progresivamente durante los meses previos a su fallecimiento.


Una despedida con un último mensaje

Junto al anuncio de su muerte, el sitio oficial del artista publicó una carta escrita por Miwa antes de fallecer.

En ella reflexionaba sobre las guerras, los desastres naturales y el aumento de la violencia en el mundo, expresando su deseo de construir una sociedad donde desaparezcan la discriminación y los prejuicios.

Su mensaje concluye con una idea que resume buena parte de su trayectoria pública: la esperanza de un mundo donde todas las personas puedan vivir en paz, con alegría y respeto mutuo.


Un legado que seguirá vivo en el cine japonés

Para millones de espectadores, Akihiro Miwa siempre será la voz de Moro o de la Bruja del Páramo. Pero su influencia va mucho más allá de Studio Ghibli.

Fue una figura que combinó música, cine, teatro, televisión y activismo durante más de setenta años, dejando una huella profunda en la cultura japonesa contemporánea.

Con su muerte desaparece una de las voces más singulares del entretenimiento japonés, pero permanecen personajes que siguen emocionando a nuevas generaciones y que forman parte de algunas de las películas más importantes de la historia de la animación.