The Shape of Water: horror y romanticismo en un relato mágico | Cine O'culto

The Shape of Water: horror y romanticismo en un relato mágico

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Si hay un autor reconocido por ser amante de las criaturas, ese es Guillermo del Toro: Blade II (2002), Hellboy (2004) y Hellboy 2 (2008), El Laberinto del Fauno (2006), Pacific Rim (2013) o la serie The Strain (2014). Diferentes tonos, géneros e incluso medios, pero es innegable que el director mexicano siempre ha tenido una fascinación casi enfermiza por los monstruos. Su último trabajo, The Shape of Water, tras llevarse el León de Oro en Venecia, dio el paso por el Festival Internacional de Cine de Toronto. Para sorpresa de todos los que asistimos, Del Toro se coló para hacer una ronda de preguntas tras la proyección, por lo que voy a ir añadiendo citas del propio cineasta; aunque hay que interpretar el texto, siempre es interesante conocer la postura del creador.

¿La Bella y la Bestia?

Fuente: nerdist.com

The Shape of Water tiene lugar en el contexto de la Guerra Fría, y gira en torno a una relación entre Elisa (Sally Hawkins), una mujer muda que trabaja como conserje en unas instalaciones del gobierno de los Estados Unidos, y un hombre pez (Doug Jones) con el que Richard (Michael Shannon) y otros militares están experimentando con la esperanza de convertirlo en un arma.

Es un esquema que hemos visto otras veces, pero bien pocas para contar una historia romántica. Narrativamente, la peli se puede entender, al fin y al cabo, como una revisión libre, más realista y adulta, de La Bella y la Bestia. Sin embargo, se acaba desentendiendo para evadir los idealismos y puritanismos. Para el que quiera intuir más, os dejo cita del director:

“En el esquema de La Bella y La Bestia, encontré dos versiones posibles, y ninguna me encajaba para esta película; una excesivamente puritana, hasta el punto de que no es creíble… me refiero a esa que humaniza al monstruo; y luego otra versión, la pervertida, aquella que trata a la criatura como una bestia, que tampoco me gusta. Yo quiero representar algo muy sencillo: dos seres, por muy diferentes que sean, se pueden enamorar y, sí, cuando se enamoran, follan. Y pasa, eso es todo. Y no hay nada de morboso ni perverso en ello, ni tengo interés por enseñarlo, pero ahí está. Normalicemos lo anormal, por favor. Creo que cualquier cosa que salga del amor, si es consensuado, no tiene nada de perverso, todo lo contrario”.

Personajes invisibles e imperfectos

Fuente: scaddistrict.com

Sally Hawkins, la figura central dejando de lado a la criatura (como siempre, Doug Jones es más que creíble), brilla en un papel inocente y divertido que no se ve mermado por la ausencia de palabras, al contrario: la actriz aprovecha al máximo cada gesto y cada mirada de una manera enternecedora y conmovedora. A Michael Shannon ya le hemos visto en papeles parecidos (Boardwalk Empire, por ejemplo), por lo que sabemos que le viene como anillo al dedo ese rol de figura de poder totalmente desequilibrada y perturbada; otros secundarios, como la compañera de trabajo de Elisa, Zelda (no la de Link, sino Octavia Spencer) o su vecino y amigo homosexual Giles (Richard Jenkins), cumplen su función oxigenando el guion y creando constantemente situaciones tragicómicas que funcionan.

The Shape of Water tiene más de comedia y drama ligero, romántico, inocente y divertido, que de thiller o puro drama, y es algo que se aprecia desde el primer minuto con las fantásticas composiciones de Alexandre Desplat. Es una película muy amable. Todo está creado con un amor infinito no sólo hacia las criaturas, sino hacia las personas insignificantes, invisibles dentro de la sociedad; a lo imperfecto:

“Quería crear una película en la que personas invisibles se juntan para ayudar a otra criatura invisible, y en ese viaje ambos se acaban ayudando mutuamente. Quería contar que lo maravilloso del ser humano es la imperfección, y lo realmente peligroso, la pesadilla, el horror, es la uniformidad y lo perfecto”.

Una de las primeras reglas que se enseñan en guion es que los personajes perfectos aburren. El espectador empatiza con aquellos que muestran debilidades y son injustamente rechazados. Bien lo saben los Coen, y Del Toro explota esa vertiente de manera muy acertada, convirtiéndola en su gancho central en esta tragicomedia.

La creación de la criatura

Fuente: herocollector.com

Como es habitual en el director, el esfuerzo y el amor a la hora de diseñar y dar vida a la criatura es de aplaudir: es el fruto de casi 4 años de trabajo, con un 95% de efectos prácticos; el primer año y medio desarrollándola en su casa y pagando directamente de su bolsillo. En ese aspecto, The Shape of Water es probablemente su proyecto más ambicioso desde El Laberinto del Fauno, y no es poca cosa si tenemos en cuenta que por aquel entonces se llevó el Oscar a mejor maquillaje y diseño de producción:

“La criatura es un 95% efectos prácticos. Creo que hay unos 5 o 6 planos en donde la criatura está creada de manera digital, eso es todo. El resto es maquillaje y manualidades. Estuvimos mucho tiempo para esculpir a la criatura, ya que lo hicimos a la manera tradicional: tres o cuatro escultores profesionales se dedicaron durante meses y meses y meses. Fue muy interesante cómo jugamos con las luces. Utilizamos una capa de arcilla para crear la cabeza de la criatura, y entonces utilizamos diferentes colores para marcar los rasgos importantes de la cara, aquellos imprescindibles para transmitir un estado de ánimo: las cejas, algunas líneas en las mejillas, etc. Entonces, utilizando focos con diferentes colores y ángulos, pudimos crear un abanico de emociones, ocultando las expresiones que no nos interesaban y exaltando las que queríamos. Aparte de eso, cuando nos vimos limitados por esos elementos prácticos e interpretativos, también creamos una especie de máscara “Lone Ranger” para parpadear y realizar micro expresiones. El resto, el cuerpo, es un traje de látex. Y creo que se nota. El resultado sería muy diferente con captura de movimiento”.

El color como herramienta narrativa

Fuente: collider.com

Siguiendo con aspectos técnicos, también hay un empeño clarísimo en el etanolaje, el uso del color. Del Toro demuestra que tiene un control creativo meticuloso, y que todo lo que se encuentra delante de la cámara es una herramienta para reforzar aspectos narrativos:

“En la película, el color verde es el color del futuro: el coche eléctrico, el laboratorio. Los tonos cian o azul inundan a Sally, y son los colores que tiene en común con la criatura. Su apartamento parece que esté bajo el agua, y cuando cruzas el pasillo, el apartamento de Giles parece que esté en plena apuesta de sol, con tonos dorados, amarillentos, ámbares; esa es la idea de aire y agua viviendo uno cerca del otro, no en vano separados por una ventana. También fuimos con mucho, mucho cuidado con el rojo. Solo quisimos utilizarlo con tres motivos: para representar la vida, la sangre; la puerta del cine y las butacas (el apartamento de Sally comparte edificio con un cine, que curiosamente es el mismo en el que nos encontrábamos; sí, para mi sorpresa, se grabaron escenas en el mismo lugar en el que estábamos sentados) y, por último, para representar el amor. Cuando Sally se enamora, es cuando comienza a verse una predominancia del color rojo: los zapatos, la cinta en el pelo y, finalmente, la chaqueta; el color no es solo una decisión estética, sino narrativa”.

Be water, my friend

Del Toro cerrando la ronda de preguntas. Fuente: propia.

Lo más admirable de The Shape of Water es que a pesar de ese nivel y esmero en lo técnico, Del Toro no se olvida en ningún momento de que todo lo que está delante de la cámara tiene el objetivo de transmitir emociones y contar una historia:

“El agua es el elemento central de la película. Me gusta aplicar eso de Bruce Lee, que el agua es el elemento más poderoso, ya que puede romper cualquier barrera; se adapta a cualquier tipo de superficie, se vuelve la forma que le envuelve, y eso es exactamente lo que es el amor, ¿no? El amor no tiene forma, y de vez en cuando se adapta y la encontramos. Y se transforma y nos transforma, y es capaz de destruir cualquier barrera. The Shape of Water es un ejercicio de amor hacia el propio amor, y de amor hacia el cine”.

The Shape of Water es, quizá, aquella meta que el cineasta quería alcanzar desde hacía mucho tiempo: un relato romántico con monstruos que hace que todos sus artificios técnicos trabajen para y por la narración, creando una tragicomedia agradable y simpática, y no por ello menos poética.