Las 9 nominadas a Mejor Película en los Oscar 2018 | Cine O'culto

Las 9 nominadas a Mejor Película en los Oscar 2018

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El Oscar a Mejor Película es probablemente el premio cinematográfico con más peso mediático del año. Se dice pronto. Lo vemos recalcado en las portadas de los blurays o en los posters de los cines. El galardón supone, para los ganadores, no tan solo un alcance brutal para la película, sino también un empujón a nivel artístico que abre muchas puertas. Es, por lo tanto, guste más o menos, un premio relevante.

Cada año hay relleno, es algo innegable. Los Oscars dejan fuera, tanto de este premio en concreto como de la gala en general, películas de peso. Sin embargo, por primer vez en mucho tiempo, me alegra ver que todas y cada una de las nueve nominadas se lo merecen. Podríamos cambiar algunas por otras, también es cuestión de gustos, pero se hace evidente que 2017 ha sido un año excepcional para la industria.

Vamos a hacer un repaso de las nueve nominadas al Oscar a Mejor Película, tratando de apuntar algunas de sus claves. También dejaremos los enlaces a las reviews completas en el titulo de cada una, por si queréis conocer qué nos han parecido con más profundidad.

Call me by your name  (Luca Guadagnino)

Elio Perlman (Timothée Chalamet), un adolescente de 17 años, está pasando un cálido y aburrido verano al norte de Italia, en la casa rural de sus padres, en 1983. Todo cambia cuando Oliver (Armie Hammer), el nuevo estudiante americano de su padre, llega a la villa. La diferencia de edad parece separar a ambos, pero poco a poco forjan una amistad que deja hueco a una relación íntima que no olvidarán.

Rara vez una película romántica se aleja de la fórmula para crear algo propio. Call me by your name no consigue tan solo eso, sino transmitir una naturalidad y una sensualidad que solo se encuentran en las obras mayúsculas del género; tiene pedazitos de Blue Is the Warmest Colour (La vida de Adèle, 2013) y de la trilogía Before de Richard Linklater. La química que emiten Timothée Chalamet y Armie Hammer es prodigiosa, y prueba de ello son unos créditos finales que no se borran de la memoria. Aquí se trata el (des)amor de verano, uno inocente y pasional, uno fugaz y efímero que, sin embargo, perdura para toda la vida. El uso del espacio como elemento narrativo quita el hipo; el norte rural de Italia y sus espacios naturales son un personaje más. Luca Guadagnino ha creado un relato tan orgánico como meditado, tan sencillo como profundo, tan íntimo como universal.

Déjame salir (Jordan Peele)

Chris (Daniel Kaluuya), un joven afroamericano, visita por primera vez a la familia adinerada de Rose (Allison Williams), su novia blanca. Al principio, todo se desarrolla con normalidad, pero poco a poco descubre un secreto inimaginable que le pone en peligro.

Cualquier cineasta firmaría por un debut como el que ha tenido Jordan Peele. En Key and Peele, una serie de sketches televisivos que creó en 2012 junto a Keegan-Michael Key, el cómico ya mostró interés en los estereotipos y las relaciones raciales. Get Out (Déjame salir), no por casualidad, se sumerge de lleno en ese espacio, y lo hace con un tono acertado que deambula entre la sátira y el thriller, con toques de terror e incluso pulp. Daniel Kaluuya mantiene bien el equilibrio en una narración que demanda una interpretación polifacética. Es un relato original que pone sobre la mesa temas sociales peliagudos, todavía más teniendo en cuenta la situación actual que se vive en Estados Unidos. La valentía de sacar algo así en Hollywood, tan acertada como necesaria, abren las puertas a un nuevo director que puede tener por delante un futuro brillante.

El instante más oscuro (Joe Wright)

Montaje: Cine O’culto

1940, en plena Segunda Guerra Mundial. Europa se encuentra prácticamente perdida ante la invasión nazi, e Inglaterra debe decidir si quiere iniciar negociaciones con el enemigo o luchar por sus ideales. Como nuevo primer ministro, Churchill (Gary Oldman) debe inspirar a una nación que está perdiendo la esperanza.

Darkest Hour (El instante más oscuro, 2017) se puede comprender como la hermana diplomática de Dunkirk (Dunkerque, 2017). Tiene muchos aciertos: el primero, Gary Oldman; el actor británico se transforma a varios niveles para encarnar al primer ministro, y es realmente sorprendente verle recoger premios y pensar que estamos contemplando a la misma persona. El segundo, cómo se aproxima al icono; aquí Churchill es una figura divertida y humana, y se agradece verle compartir momentos de franqueza con su mujer (Kristin Scott Thomas) y su secretaria (Lily James), al igual que verle rodeado por unas formalidades que le son remotas. El tercero, cómo Joe Wright trata el tiempo; la narración se centra en un periodo muy breve, y es una decisión que acentúa el sentido del presente y convierte el relato en algo rítmicamente más atractivo. El resultado un thriller político emocionante e inspirador que nos recuerda la importancia y el poder de las palabras.

Dunkerque (Christopher Nolan)

En 1940, miles de soldados británicos, franceses y belgas quedaron aislados en la playa de Dunkerque (Francia), rodeados a un lado por mar y al otro por el ejército alemán, uno que se iba acercando. En esta situación a contrarreloj, Gran Bretaña decidió crear la Operación Dinamo: una llamada desesperada a las embarcaciones civiles con el objetivo de desembarcar a tantos soldados como fuera posible.

Christopher Nolan ha vuelto a sacudir otro género. Dunkirk es cine puro, una obra monumental y vanguardista. De nuevo, el director muestra interés por el tiempo fílmico, experimentando con cronologías dispares situadas en diferentes espacios: tierra, mar y aire. Es un thriller descarnado, una espera asfixiante que transmite el abismo de la guerra. Hans Zimmer acierta con una banda sonora que solo funciona dentro de la película; una que nos recuerda el tic tac del reloj, que dilata el tiempo. El cineasta ejecuta un despliegue de medios sin precedentes, uno que merece ser visto en la pantalla más grande y con el sonido más envolvente que podamos encontrar. Es cine mayúsculo, una experiencia colosal que te arrastra a la sala porque pierde el sentido en la televisión de casa.

Lady Bird (Greta Gerwig)

theatlantic.com

“Lady Bird” (Saoirse Ronan), una joven estudiante a la que le gusta que la llamen por ese nombre, se encuentra estudiando al norte de California su último año de instituto. Es un momento de cambio en el que debe tomar decisiones y buscar su propio camino.

Greta Gerwig ha convertido su debut en solitario en algo histórico: pleno en Rotten Tomatoes, nominaciones a los Oscar, BAFTA, Globos de Oro. Es complejo concretar por qué un relato tan sencillo y sin conflicto aparente ha conseguido una ovación tan unánime. Quizá ahí está la clave: saber retratar una etapa vital de manera orgánica, cosa nada sencilla. Lady Bird es un relato personal de un periodo de transición por el que todos hemos pasado y con el que es fácil identificarse; en ese sentido, transmite algo cercano a Boyhood (Momentos de una vida, 2014), aunque sea menos ambiciosa. Una fotografía acertada que remueve la nostalgia y una interpretación espontánea de Saoirse Ronan, elevada por Laurie Metcalf, son los otros ingredientes principales que componen un plato original que resulta familiar, que todos conocemos.

El hilo invisible (Paul Thomas Anderson)

El famoso modista londinense Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis) y su hermana gozan de un status social envidiable. Un día, Reynolds encuentra a Alma (Cicky Krieps), una mujer sencilla que pronto se convierte en su musa. En ese proceso, el amor desestabiliza una rutina y una estabilidad que le definen.

Paul Thomas Anderson y Daniel Day-Lewis revelaron una conexión insólita en There Will Be Blood (Pozos de Ambición, 2007), y aquí demuestran que no fue casualidad. El cineasta vuelve a desarrollar un relato que profundiza en el orden y el caos, esta vez utilizando el amor como detonante, y logra dibujar ese sentimiento abstracto de un modo tan delicado como sobrecogedor. De ser realmente la despedida de Lewis, es una a la altura, con un control y un dominio del plano difícil de superar. Vicky Krieps también brilla, pero por razones opuestas: una aparente sencillez que sirve de antítesis a la máquina de relojería que tiene delante. Jonny Greenwood, guitarrista y tecladista de Radiohead que lleva trabajando con el director desde, quizá no por casualidad, There Will Be Blood, compone unos temas con predominio de piano que construyen los cimientos de un universo elegante y acristalado. Phantom Thread es un relato exquisito que, a través de personajes y espacios fascinantes, teje el proceso creativo de un artista con un revestimiento que no casa. En ese proceso, nos recuerda lo complejo que son las relaciones y la cantidad de hilos que necesariamente las envuelven.

Los archivos del Pentágono (Steven Spielberg)

Fuente: variety.com

En 1971, The New York Times publicó una pequeña parte de un destape masivo de secretos gubernamentales en torno a la guerra de Vietnam. La editorial fue rápidamente censurada por el gobierno de Nixon, recurriendo a laberinto legales. Sin embargo, el Washington Post decidió seguir adelante y continuar con las exposiciones, con riesgo de ir a prisión.

The Post (Los archivos del Pentágono) es una de esas películas cuya fórmula entra de lleno en el manual Oscars: basada en un hecho real estadounidense, check; director y actores veteranos de la industria, check; periodismo, check. Sin embargo, más que ser otra Spotlight (mejor película en 2015), el último trabajo de Spielberg se eleva por saber adaptar algo lejano a los tiempos actuales, tratando temas como el feminismo (Meryl Streep brilla) o la importancia de la profesión durante un mandato opaco y secretista. Al salir de la sala, da miedo comenzar a hacer paralelismos entre el gobierno de Nixon y Trump, y ese ejercicio de autocrítica dentro de Hollywood siempre se debe agradecer.

La forma del agua (Guillermo del Toro)

Fuente: studentpages.biz

Elisa (Sally Hawkins) es una mujer muda que está trabajando como conserje en unas instalaciones del gobierno de los Estados Unidos, durante la Guerra Fría. Un día empiezan a experimentar con un hombre pez (Doug Jones) con el objetivo de utilizarlo contra los rusos, y ella comienza a sentirse atraída hacia la criatura.

El cuento de hadas monstruoso al que Guillermo del Toro aspiraba desde sus inicios. Quizá su película más comercial y más fácil de ver, pero no por ello menos poética. Los casi cuatro años de diseño y desarrollo de la criatura, con un 95% de efectos prácticos, dan vida a una verdadera obra de arte. Shally Hawkins no necesita palabras para expresar la inocencia y ternura de un amor que parecía remoto, y se rodea de secundarios tan memorables como Richard Jenkins. Alexandre Desplat vuelve a demostrar por qué está considerado como uno de los mejores compositores actuales, con melodías que nos sumergen en un dulce mundo de fantasía antes de que podamos ver la imagen. The Shape of Water es una declaración de amor hacia lo imperfecto, lo marginado y lo socialmente rechazado.

Tres anuncios en las afueras (Martin McDonagh)

Fuente: drafthouse.com

Mildred Hayes (Frances McDormand) es una mujer divorciada que se ha cansado de esperar sentada a que la policía atrape al asesino que violó y mató a su hija. Sabiendo que el caso no se va a resolver si acaba olvidado en un cajón, decide pagar de su bolsillo tres vallas publicitarias que desafían al popular y querido jefe de policía Willoughby (Woody Harrelson), y por alusión al resto de su equipo. El hecho desencadena una guerra a varios frentes.

Martin McDonagh ha escrito y dirigido una comedia negra magistral. Se nota que el cineasta quiere a sus personajes, todos condenados, y no se olvida de ninguno: desde Mildred (Frances McDormand) y Dixon (Sam Rockwell), dos de las actuaciones del año, a Willoughby (Woody Harreson), Red Welby (Caleb Landry Jones) o James (Peter Dinklage); cada uno tiene su espacio y es difícil olvidarlo. También quita el hipo el control absoluto de un tono que se mueve en un hilo tragicómico finísimo. Three Billboards Outside Ebbing, Missouri es capaz de hacerte sacar, a la vez, los dos tipos de lágrimas, y eso es algo que pocas películas consiguen. McDonagh sabe que cuando algo es malo, lo más divertido es ver cómo empeora; al final, lo único que nos salva de situaciones desesperadas es la carcajada, reír bien alto.