La Haine: un retrato del gueto francés de los noventa | Cine O'culto

La Haine: un retrato del gueto francés de los noventa

- Por

En 1995 París tenía en su periferia diversos banlieues, barrios llenos de migrantes que al contrario de los sectores más opulentos de la ciudad, crecían arropados por un manto inservible ante la violencia, la desigualdad social, el racismo, la deserción escolar y la falta de oportunidades que permitiesen otorgarles a sus habitantes un desarrollo pleno como seres humanos.

Barrios como Seine-Saint-Denis, también conocido como el Distrito 93, encabezaban (y lo ha hecho hasta la actualidad) esta lista de zonas periféricas conflictivas. El tráfico de drogas en estos vecindarios, abarrotados de rencor hacia los entes policiales, era el sustento para muchos chóferes del tren de la heroína.

En aquel año, donde Jacques Chirac obtuvo el triunfo para alzarse como presidente de la República Francesa, el director galo Mathieu Kassovitz estrenó un filme en blanco y negro que precisamente retrata esta mundana realidad: La Haine, el odio, la rabia, la inconformidad baleada en una ciudad desterrada al olvido.

La película de Kassovitz versa sobre un día rutinario en la vida de Vicent, Saïd y Hubert, (un judío, un musulman y un chico con raíces africanas), tres jóvenes desheredados sociales, pertenecientes al barrio periférico de Les Muguets, que en la marginación se meten en problemas tras encontrarse una pistola policial en una protesta. La inesperada aventura los lleva a París y pasan dificultades antes de poder regresar a su hogar para luego encontrarse con su verdugo destino.

Prueba de esta lucha surrealista por la supervivencia en los guetos es el diálogo que abre las puertas audiovisuales de la cinta, el cuál es crudamente contundente:

Es la historia de un hombre que cae de un edificio de 50 pisos. Para tranquilizarse, mientras cae al vacío, no para de decirse: “Hasta ahora todo va bien. Hasta ahora todo va bien. Hasta ahora todo va bien”. Pero lo importante no es la caída, sino el aterrizaje.

Una ventana al hip hop francés.

En 1995, el grupo de rap galo Supreme NTM lanzó su tercer álbum titulado Paris sous les bombes (París bajo las bombas). En unas lineas de la canción Est-ce la vie ou moi? (¿Es la vida o yo?) , el grupo parisino retrata líricamente:

Mais quel triste sort que de se voir séparé du monde / Que de se sentir à l’étroit comme dans une tombe / Cloîtré, j’ai trop de mal à gérer l’angoisse que l’incarcération finit par générer (Pero qué triste destino estar separado del mundo / Qué sentir apretado como en una tumba / Enclaustrado, tengo demasiados problemas para manejar la ansiedad que el encarcelamiento acaba generando).

Muchos jóvenes de la época coquetearon desde temprano con el hampa, para después ser recluidos en las “prestigiosas” suites de las prisiones parisinas, donde el único lujo disponible era ganarse el respeto a como diera lugar.

Con una clara visión sociopolítica, Kassovitz pensó en esta característica para insertarla en los personajes de su obra (sobre todo en Hubert, quien ya había pasado tiempo en prisión y ahora vagaba libre en el gueto). Asimismo, ancló esta violencia social al brazo de un movimiento subcultural que justificara la conducta creativa de los jóvenes: el hip hop, ya que este fenómeno estaba teniendo un auge revolucionario en el país europeo a mediados de los noventa.

Desde la primer secuencia se observa a Saïd trazando sobre la pared un tagg o firma con un marcador. Esta técnica era la más sencilla entre los grafiteros para marcar territorio, o en este caso, lanzar un desafío ante el acoso de la autoridad policial.

Otro destello del hip hop se asoma con el breakdance, elemento rítmico de la subcultura.

En otra escena, el famoso Dj Cut Killer aparece en su habitación portando una playera de la banda californiana Cypress Hill y tocando unos scratches en su tornamesa para todo el vecindario. Se trata de la pieza musical Nique la police (Jode a la policía), una mezcla entre N.W.A, KRS One, Supreme NTM y Edith Piaf que se ha convertido en un himno para el extrarradio francés.

El arte del filme plasma a los grafitis sobre los muros de la ciudad, mientras el trío de jóvenes realiza su forzado viaje en el tren subterráneo. Casi al final del rodaje y con aerosol en mano, Saïd cambia una frase de un anuncio espectacular de Le monde est à vous (El mundo es tuyo) a Le monde est à nous (El mundo es nuestro).

Además, la banda sonora de la obra cinematográfica está conformada por exponentes importantes del rap francés de esa época. Sobresalen nombres como IAM. Raggasonic y Assassin, cuya música termina de contextualizar la fotografía de Pierre Aim.

El anuncio bovino de una muerte.

Kassovitz también aborda otro elemento interesante en La Haine, se trata de la percepción de la muerte desde un punto de vista religioso. En este caso,  la aparición de una vaca desde las raíces más longevas del judaísmo.

El personaje de Vicent es un joven judío que desea asesinar a un policía debido a que, durante una revuelta, las autoridades hirieron a un chico del barrio enviándolo gravemente herido al hospital. Vicent piensa que su venganza implica terminar con la vida de un guardián del orden.

Un sentimiento como lo es el odio, tan poderoso como el amor, se apodera de este marginal joven. Se muestra rudo y desafiante ante una vida que lo reta constantemente. Sin embargo, Vicent tiene frecuentes sueños y alucinaciones con una vaca, lo cual lo asusta mucho.

Según escrituras antiguas, la llamada Pará Adumá (vaca roja en hebreo) era imprescindible para borrar la impureza de la muerte en los israelitas. Sin ella no les es posible alcanzar la vida eterna.

Kassovitz utiliza a este animal para justificar el destino de Vicent, el cual está enlazado al diálogo que abre y cierra la película: “Hasta ahora todo va bien”. El francés le abre al espectador una ventana en su edificio cinematográfico, por la que puede ver la estrepitosa caída social del chico judío y le permite deducir cómo será su aterrizaje.