The Square: explorando los límites entre el arte y la farsa | Cine O'culto

The Square: explorando los límites entre el arte y la farsa

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Desde 2008, año en que estrenó Involuntary en la sección Un Certain Regard, Ruben Östlund ha orbitado con sus producciones el Festival de Cannes, la mejor plataforma para los cineastas que gustan de molestar a la audiencia (hogar desde siempre de Jodorowsky y de Lars Von Trier hasta que trasgredió los límites de la corrección política con sus comentarios nazis). En 2011 y 2014 sacudió y molestó en secciones «menores» del festival con Play y Force Majeure respectivamente (con esta última, nominada también a un BAFTA y un Globo de Oro, consiguió el premio del jurado). El año pasado, el director sueco sumó a su historial de premios, que incluye galardones en los festivales internacionales de Moscú, Berlín, Dublín, Mar de Plata, Miami, Gijón y Tokio, la Palma de Oro por The Square. La farsa del arte (2017), decisión que hizo rabiar a críticos y cineastas que consideran que la sátira sobre el esnobismo de las grandes esferas del arte, no es sino una obra pretenciosa y esnob.

En mi opinión, lo que estas críticas reduccionistas hacen es simplificar la razón de ser de una poderosa obra que nos (y se) cuestiona sobre los límites de la corrección política, la libertad de expresión, la definición de arte y el papel de este en la sociedad; pero también sobre la indiferencia, la soledad y la falta de sensibilidad de los seres humanos que habitan un mundo individualista en el que el confort y el materialismo son elevados por encima del humanismo y la preocupación por el otro; es decir, una película que habla de la condición humana y cuyo fin es despertar la conciencia y sensibilidad de quienes permanecen indiferentes ante estos problemas.

Fuente: elantepenultimomohicano.com

El otro lado del paraíso

Si bien se producen muchas obras que tienen por objetivo mostrar el desencanto occidental, el lado anverso de una moneda llamada “estado de bienestar social”, “primer mundo” o “desarrollo y progreso”, lo interesante de las obras de Östlund es que plantean problemas de políticas públicas en un país como Suecia, que, junto a las demás naciones nórdicas, es utilizado como ejemplo del más perfecto nivel de desarrollo social, elevándose a la categoría de paraíso para los ojos del que vive fuera, en un país subdesarrollado o, en la misma terminología absurda, tercer mundo.

Al poner en juego a personajes de la élite que interactúan diariamente, de lejitos y sin revolverse, con sujetos marginales en un espacio «súpercivilizado», algo que también podemos ver en El otro lado de la esperanza, película finlandesa que debió obtener la nominación al Óscar, el cineasta sueco pone en duda, y desbarata, la idealización que existe sobre países que la gente considera perfectos, evidenciando problemáticas minimizadas como la indigencia, la migración o la alienación. Pero, lejos de quedarse como una crítica hacia las élites e instituciones, la cinta supone una crítica universal hacia estos efectos secundarios tan negativos que se gestan entre los ciudadanos que regidos por ideales individualistas que aíslan al hombre del hombre, produciendo personas indiferentes e insensibles con problemas para conectar con el otro.

Fuente: sydnarkenytt.se

Soledad e insensibilidad

Östlund, quien también realiza los guiones de sus filmes, es conocido por crear personajes «exitosos» cuyas máscaras se resquebrajan al enfrentar situaciones límites, mostrando su verdadera naturaleza de antihéroes y sirviendo al cineasta como espacios vacíos, cuadrados si se quiere, en los que vierte los defectos que busca criticar. Así, en The Square tenemos a Christian, el jefe curador del museo de arte contemporáneo X-ROYAL; hombre indolente y egomaníaco que se presenta como amante del arte y filántropo, cuando en el fondo es sólo un hombre paranoico de la mediana edad que experimenta problemas para relacionarse con los demás.

Östlund nos presenta con un humor bastante cínico los episodios problemáticos de Christian, que, vistos a profundidad, no pasan de las tribulaciones banales de un rico. En el transcurso de la película, el sueco lanza, una vez tras otra, una afilada crítica hacia la indiferencia y pasividad de una sociedad cada vez más insensible ante los problemas del otro, una masa de personas que caminan al lado de indigentes o yonkis sin dignarse a levantar el rostro de su celular.

Las críticas a The Square, que parten de la consideración del filme como un escándalo insolente y excesivo; una obra despreciable que resuma pretensión y esnobismo, parecen no conectar con el sarcasmo de Östlund, quien sabe que la única manera de crear una farsa coherente es abrazando la insolencia y la provocación, porque la única forma de despertar al espectador es atentando contra su estado de confort, provocando la discusión entre aquellos que ven en ella una película despreciable y quienes la consideran un ensayo inteligente sobre la sociedad actual.

Fuente: curzonartificialeye.com

El traje nuevo del emperador

Entras a un museo o galería de arte. Recorres algunas salas: una habitación tiene las paredes embarradas de mierda; otra, el piso lleno de cables quemados; de los techos de otra más, cuelgan esponjas viejas. ¿Cuál es tu actitud al enfrentar este arte? ¿Te plantas frente a la obra con cara de extrañamiento? ¿La contemplas con la mano en el mentón, como si estuvieras absorto en una profunda meditación? ¿Intentas tomar fotos? o ¿abandonas el lugar decepcionado por el tamaño del bodrio? Estas reacciones, todas capaces de suscitarse en The Square, recuerdan al cuento «El traje nuevo del emperador» de Hans Christian Andersen (el nombre del protagonista dista de ser coincidencia), la mejor apología para advertirnos que no debemos tomar por verdad todo aquello que se presenta como tal. «El traje nuevo del emperador» relata el engaño sufrido por un rey y su pueblo a manos de Guido y Luigi Farabutto, quienes aseguraban haber fabricado una prenda finísima que resultaba invisible para cualquier persona estúpida. En el afán de no pasar por estúpidos, nadie se atreve a decirle al rey que desfila por las calles desnudo, hasta que un niño revela la verdad, acabando así con la farsa.

Algo similar a lo que podemos ver en The Square en escenas como aquella en que Christian presenta una exposición ante un grupo de asistentes, quienes, en su mayoría ancianos, asienten a la justificación de Christian y la explicación del chef con la ansiedad de quien está más interesado en el banquete y el vino que en la obra; o en otra que sucede al empezar la película y que expone el esnobismo de Christian cuando la reportera que lo entrevista le pregunta por el significado de un escrito que aparece en su página web. El texto, una serie de oraciones rebuscadas y sin sentido, es leído a Christian, quien refleja en su rostro confusión, viéndose obligado a inventar al vuelo una explicación tan simple como poco creíble.

Fuente: elhype.com

Museo: ¿casa del arte o cementerio?

Recuerdo que no hace mucho escuché a una persona “x” en un lugar “x” decir que los museos eran como las iglesias: así como la iglesia es la casa de Dios, el museo es la casa del arte. Aunque en un primer momento la analogía parece un disparate, la reflexión acerca de la objetivización y mercantilización del arte, así como la actitud de quienes consideran al museo como la institución encargada de validar lo que es o no arte (algo que ejemplifica Christian cuándo pregunta a la reportera ¿si tomo su bolso y lo pongo aquí en el museo, es arte?), posibilitan la consideración de la misma como centro de un debate trascendental.

Ante estos comentarios, sobrarán los que digan que la existencia del arte es taaaaan anterior a la de los museos, adoptando una postura equiparable al paganismo al considerar que el arte está en todas partes y que todos somos arte, por lo que hay más arte en cualquier rincón de la calle que en un museo; pero también abundarán aquellos que consideren que una obra de arte no puede consagrarse como tal sin haber pisado un museo o galería, estos utilizarán argumentos prácticamente evangelizantes y reaccionarán a The Square con el enojo de aquel que no soporta se cuestione su fe.

La importancia de The Square, aspecto que la llevó a ganar en Cannes y que puede darle el triunfo en los Premios Óscar, es que supone una invitación abierta para la discusión y el debate. La polémica división que despertó al obtener la Palma de Oro, misma que se hará presente si obtiene la estatuilla de la academia, es la prueba de la eficacia de The Square; pues su objetivo de provocar a la audiencia y despertar a la sociedad de la indiferencia, está siendo alcanzado.