La invitación: el peligro de olvidar el dolor y el pasado

La invitación: el peligro de olvidar el dolor y el pasado

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Estrenada en 2015 en el SXSW Film Festival y ganadora del Festival de Cine de Sitges, el festival de cine fantástico más antiguo e importante del mundo, The Invitation (La invitación) es una película que bordea los géneros del thriller y el terror para presentarnos una historia que no aparenta mucho hasta que, después de una vuelta de tuerca final, surge como una propuesta llamativa que gustará al espectador paciente que gusta de absorber una historia que se cuece lento, aunque es probable que desespere a los más ansiosos.

Karyn Kusama dirige una película que salva los problemas presupuestales y los cambios frecuentes de actores en el proyecto para resolverse si no como una película que hará historia dentro del género, al menos como un filme con una propuesta rica, trabajada a detalle (salvo unos pequeños que mencionaré adelante). La ganadora al Premio a la Juventud de Cannes por su opera prima Girlfight (2000), que también consiguió los premios de Mejor Directora y Gran Premio del Jurado en Sundace, vuelve a plantarse con un trabajo igual de sólido, luego de las mediocres Aeon Flux (2005) y Jennifer’s Body (2009). Esta vez lo hace con un elenco encabezado por Logan Marshall-Green (Will), Tammy Blanchard (Eden), Emayatzy Corinealdi (Kira), Lindsay Burdge y John Carroll Lynch (Pruitt).

Fuente: vox.com

Paranoia y hospitalidad

De origen griego. Su significado: «amor o afecto a los extraños». En latín es «hospitare», que quiere decir «recibir como invitado». Tradicionalmente una cualidad que denotaba generosidad hacia el extraño. En la actualidad una enorme industria, una carrera de estudios con creciente auge. Este ascenso, intrínsecamente relacionado con el fenómeno de globalización y multiculturalismo; contrasta, por otro lado, con las crisis en cuestión de derechos humanos, las guerras, la escalada de grupos extremos de derecha o de izquierda al poder: es la antítesis de los crímenes de odio racial o el incremento estadístico de asesinato de mujeres.

En el entorno social de las grandes ciudades conviven paradójicamente la hospitalidad y su “amor por los extraños” con el miedo esquizofrénico al otro: ese a quién no conozco y de quien no me puedo confiar. Un ejemplo: Uber, una plataforma que llamó la atención hace años por ofrecer un servicio más hospitalario y seguro que un taxi ordinario, es foco actual de acusaciones por agresiones, violaciones, secuestros y un largo etcétera. Por otro lado, la cordialidad es el arma predilecta del vendedor, por lo que muchos podemos ponernos a la defensiva ante una amabilidad excesiva. Así, no resulta descabellado sospechar de la cordialidad, reaccionar con el pensamiento: “¿este qué quiere venderme?»

Sembrando sospechas circunstanciales, desplazando a los personajes de centro emocional, The Invitation pone a jugar la hospitalidad de los huéspedes con la paranoia de un invitado a la cena. Después del augurio del principio, similar al accidente de Get Out, cuando todo parece indicar que la velada será a) la clásica cena de un viejo grupo de amigos o b) la clásica reunión convocada por el ex loco, Will parece tan predispuesto como nosotros a la ansiedad y el recelo. Will encaja perfecto en el estereotipo del sujeto introvertido, algo antisocial, que está un poco lejos; características que se acrecientan al reencontrarse con el viejo hogar, del que una tragedia lo arrancó. Por su personalidad, encuentra particularmente sospechosas las excesivas muestras de cordialidad y felicidad expresadas por su ex esposa y la nueva pareja de ella, un tipo con un estilo parecido al suyo.

Contrario a él, un solitario marginal, los demás se dejan agasajar por lo soberbio de la velada y se vuelven ciegos a las señales, adjudicando la ansiedad de Will a un estado paranoico. Como Will, lo más probable es que el espectador también vea latir los signos de peligro en todo el ambiente. El efecto provocado con esta maniobra es análogo al de Get Out, donde la sospecha se sentía igualmente corpórea. Acá el misterio se prolonga más tiempo porque las disonancias son ignoradas por el grueso del grupo.

Las singularidades o disonancias se repiten con frecuencia y nuestra mente se detiene en una pregunta que encuentra eco en los labios del protagonista, que como nosotros es víctima de la sensación de extrañeza: ¿no les parece que hay algo muy raro aquí? Una vez que se descubre que sí hay un secreto, cuando el montaje está cerca de convertirse en caricatura o anuncio de televenta, el misterio se desplaza a la naturaleza de un culto que parece prometer el mejor de los alivios.

Fuente: medium.com

Expreso México – Hollywood

The Invitation salta entre dos espacios, el presente en Los Ángeles y el pasado en México. La elección de ambos lugares es muy significativa para entender las implicaciones de la película. La mención de México va ligada al origen del culto practicado por los huéspedes. La adjudicación de la secta a México me pareció un cliché porque creo que parte del supuesto de que una secta exótica que promueve el desprendimiento del pasado y con ello el suicidio tiene que venir del exterior.

El contraste lo tenemos en la escena de créditos inicial. Con música de registro tétrico de fondo, el auto de Will se adentra en espesas colinas colindantes con una zona boscosa. En el trayecto del coche la cámara nos permitirá ver sobre la cima de una colina la palabra “Hollywood”, el lugar donde los sueños se cumplen. Sólo que, como un guiño a Mulholland Drive de David Lynch y sin pretender nunca emularla, en esta ocasión el sueño tornará en pesadilla.

La película encuentra fallos en algunas actuaciones como las de Tammy Blanchard y Michiel Huisman, quienes si bien fingen muy bien el papel de anfitriones felices y encantadores, se desempeñan torpemente en escenas poco verosímiles. Detalles aparte, el trabajo de la directora nos deja estampas por demás interesantes como algunas tomas espejeadas que producen fotografías fractales o momentos en los que la acción alterna entre cámara rápida y lenta y el audio es retirado para depositar la carga dramática en la música de fondo, así como en las expresiones faciales de los actores.

Fuente: 3gb.com.mx

Los peligros de olvidar

The Invitation es, sobre todo, una lección sobre los peligros del olvido, del desprendimiento del pasado. El sistema capitalista tardío nos empuja constantemente hacia adelante. La proclama es a dar continuamente vuelta a la página. La publicidad nos vende la idea de que somos tan libres que podemos desprendernos de todo lo que nos cause dolor; para comenzar de cero cada vez que queramos. Negar el pasado es negar la senda que te condujo al presente, es descartar las experiencias y el aprendizaje, rebelarse a la enseñanza del buda que decía que el dolor es inevitable.

El problema radica en que no se puede luchar por mantener a raya el pasado porque nuestros actos tienden a él. Evadirse de los actos precedentes sólo puede entenderse como la negación absoluta de la responsabilidad y puesto que, para desprenderse por completo del dolor, la responsabilidad o el olvido, es preciso no existir, la consecución extrema de este afán implica el abrazo definitivo a la muerte. La culminación voluntaria de este acto es lo que los huéspedes venden a sus invitados cuando les dicen que es posible ser libre, abandonar por completo todo el sufrimiento y albergar sólo sentimientos de amor por la vida, en una perversa conjunción de las pulsiones de vida y muerte.

Con la escenificación de los peligros de llevar al extremo la idea de dejar el pasado atrás (pensemos en los horrores que se volverían a cometer), el filme se plantea como una reivindicación del dolor. El sufrimiento, el duelo, la desilusión, el desamor son procesos de aprendizaje a los que es imposible abstraerse. La represión de estos sentimientos, así como la pretensión de control emocional absoluto, derivan en pesadillas como la narrada aquí. Pareciera ser que la única forma certera de lidiar con los fantasmas es reconociéndolos y aprender a vivir en paz con ellos, sabiendo que todo ello vivirá con nosotros hasta nuestra muerte.