6 películas imprescindibles de Bong Joon-ho

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En más de una instancia, la ficción intenta evitar la “falta de poesía” que parece existir en lo cotidiano. A través de una puesta en escena exagerada, personajes carismáticos y conflictos estimulantes (aunque poco verosímiles), brinda un esquema que nos distrae del auténtico mérito que tienen las situaciones que se desarrollan a nuestro alrededor, ya sea en nuestro círculo cercano o en lo que vemos en las distintas redes.

Es por esto que la crudeza ecléctica que reina en películas como las de Bong Joon-ho nos atrae de una forma íntima, frustrante y cautivadora. No recibimos finales redondos, ni estereotipos para que adoptemos bandos protagónicos y antagónicos. Tampoco requerimos una trama excesivamente compleja. En cambio, se nos entrega el patetismo del ser humano en todos sus matices, un humor negro ácido que nos demuestra lo ridículos que podemos llegar a ser y el recordatorio de hasta dónde somos capaces de llegar por lo que consideramos familia.

Para desglosar el camaleónico universo del director surcoreano, te contamos de los seis largometrajes estrenados en su carrera. La misma que ha sido merecedora de comparación con Spielberg, pero que nada tiene que envidiarle.

Barking Dogs Never Bite (Flandersui gae, 2000)

La ópera prima del director –fuera de sus cortos y trabajos como guionista en los 90 –, nos presenta las raíces de la idiosincrasia fílmica que identificaremos y disfrutaremos a partes iguales con el resto de sus entregas hasta la actualidad.

Con gran destreza, Bong nos permite apreciar que no gusta de encasillarse en un solo género, a medida que nos narra la historia de un profesor cesante que, ante las exigencias familiares y sociales, termina por centrar su fracaso en una insólita obsesión: deshacerse de un perro del vecindario que le desespera con sus ladridos.

Los vaivenes entre la comedia, el drama y la sátira hacia algunas costumbres de Corea del Sur, constituyen un cóctel que no sólo nos hará empatizar y criticar, sino reflexionar sobre los niveles de expresión que presenta cada personaje, mediante curiosidades y sueños iguales o parecidos a los nuestros.

Memories of murder (Salinui Chueok, 2003)

En una entrevista con TIFF, Bong aseguró una vez que “los directores surcoreanos no dependen de la violencia armada” a la hora de conseguir que sus filmes fueran “atemorizantes y más extremos”. Y, en efecto, el caos que reina en su primer thriller lo deja claro con la intensidad de una investigación policial no resuelta.

La incompetencia de las autoridades locales, tras el hallazgo de una mujer violada y asesinada, no hace más escalar a lo bochornoso con prácticas tan ilegales como inútiles cuando se trata de interrogar sospechosos y conseguir pruebas. ¿Lo único que pareciera importar? Encontrar un culpable para cerrar el caso con prontitud, independiente de contar con un detective traído especialmente desde Seúl para “ayudar”, o de que sigan cometiéndose homicidios sin freno alguno.

Lo realmente escalofriante de la película es cómo Bong hace que nos dé gracia lo que no tiene que hacerlo. Y cómo, con absoluto dominio de la estética y la desesperación, nos refriega en la cara que hay injusticias que se simplemente se mantendrán.

The Host (Gwoemul, 2006)

Otro de los elementos relevantes del trabajo del director surcoreano se hace presente en esta entrega más fantástica: presentar personajes de clases socioeconómicas menos favorecidas que intentan subsistir a diario. Esto lo ilustra con sus característicos espacios reducidos y aglomerados de objetos, que logran una sensación de humildad y agobio.

En The Host, una familia de escasos recursos, asentada en las cercanías del río Han, hará todo lo posible para recuperar a la menor de sus integrantes, luego de que es secuestrada por una mutante criatura. Aquí las autoridades destacan –de nuevo –por su negligencia e incapacidad de resolver la situación. En este poder político recae el mayor enemigo de los protagonistas. Razón por la cual, quizá no hubo mayor misterio a la hora de exhibir a la bestia en las primeras secuencias de la cinta. Lo anterior revela otro aspecto esencial de Bong: el abanico de emociones para el espectador está en la burda humanidad de sus personajes, más que en agentes externos impactantes y situaciones descabelladas.

Mother (Madeo, 2009)

Proteger lo que amamos hasta las últimas consecuencias. Ese concepto –asociado a la figura maternal más que a cualquier otra –es la premisa con la que Bong nos narra otra travesía con los elementos a los que nos ha acostumbrado (aunque con un giro propio): la atribución errónea de un crimen y la lucha desesperada por recuperar al ser amado, esta vez, de la cárcel.

Es así como una madre hará todo lo que está y no está en sus manos para demostrar la inocencia de su hijo quien, al tener un retraso mental, no es capaz de dar siquiera un testimonio creíble que no sea influenciado por quienes ansían cerrar rápido el asesinato de una chica encontrada en un edificio abandonado.

El retrato logrado por la actriz veterana Kijm Hye-ja en el protagónico, a la par de los acontecimientos que orquesta Bong con gran implicación emocional, logran que como audiencia justifiquemos hechos que, de ser otro caso, seguramente condenaríamos. Una historia tan devastadora como conmovedora, en donde el drama no resulta exagerado.

Snowpiercer (2013)

Con esta adaptación del cómic franco-belga homónimo, el director nos sumerge en su primer proyecto dirigido directamente al público occidental. La historia nos sitúa en un gélido mundo postapocalíptico en que la lucha de clases y el anhelo de revolución se viven en un tren que nunca se detiene y que alberga a lo que queda de humanidad. Mientras más adelante de los vagones se encuentre el pasajero, más privilegiado es. ¿Lo desesperanzador? Nadie puede cambiar su estado en dicha “sociedad”.

Con esa base, Bong fue seducido al encontrar en 2005 la obra en una tienda e idear el rodaje de su película dentro de un espacio tan sofocante como lo es el tipo de transporte mencionado. Y, asimismo, atrajo al reconocido Park Chan-wook para adquirir los derechos de la historia y producirla junto a él.

El resultado es un espectáculo digno con una ciencia ficción astuta, donde en un reducido espacio encontramos lo peor del ser humano, así como la bondad que puede demostrar por una batalla común.

Okja (2017)

Para cerrar el listado, tenemos la fábula ambientalista llena de riesgos que Bong decidió realizar a través de Netflix. El filme podría considerarse su obra más polémica, no sólo por el hecho de abarcar el abuso de la industria del ganado, sino por demostrar que una película realizada en un servicio de streaming también es digna de Cannes (y es capaz de remecer sus cimientos hasta el punto de hacerle cambiar sus normas para prohibir la entrada de exponentes del tipo).

En Okja, una pequeña emprende una odisea para salvar a la criatura genéticamente creada que considera familia y que fue abducida por una enorme corporación que desea lucrar con ella. A la causa se unirá un grupo anarquista que busca frustrar los planes capitalistas de dicho conglomerado y un sinfín de situaciones tan propias del cine del director, como de la impronta nostálgica de Miyazaki.