James Stewart: cinco películas para entender al actor más honesto de Hollywood
El 20 de mayo se recuerda el nacimiento de uno de los grandes nombres de la historia del cine. James Maitland Stewart nació el 20 de mayo de 1908 en Indiana, Pensilvania. Este martes se cumplen 117 años de su nacimiento. Murió en 1997 dejando un legado de interpretaciones que lo convirtieron en uno de los grandes actores de la época dorada de Hollywood, y el American Film Institute lo ubicó en el tercer lugar de su lista de los mayores actores de todos los tiempos.
Lo que hace a Stewart singular no es solo la cantidad de películas memorables que dejó, sino la coherencia de su presencia. Él mismo lo describió sin falsa modestia: “Soy James Stewart interpretando a James Stewart. No puedo hacer grandes caracterizaciones. Interpreto variaciones de mí mismo.” Esa honestidad ante la cámara —esa voz titubeante, ese cuerpo desgarbado, esa moral inquebrantable pero nunca impostada— fue precisamente lo que lo convirtió en el actor favorito de Capra, Hitchcock, Ford y Mann.
Para recordarlo, estas son cinco películas que capturan distintas dimensiones de lo que fue.
Cinco películas para ver (o volver a ver)
Mr. Smith Goes to Washington (1939)
Antes de la guerra, antes de Hitchcock, antes de que Stewart se convirtiera en algo más complejo, existía este personaje: un senador novato e idealista que llega a Washington y descubre que el sistema funciona exactamente al revés de como le enseñaron. Frank Capra dirige con su habitual fe en el hombre común, pero Stewart hace que esa fe no resulte ingenua. Hay una escena en el Senado —agotado, con la voz rota, negándose a rendirse— que resume todo lo que el cine de esa época quería creer sobre sí mismo. La película funciona como documento político y como retrato del actor en estado puro.

It’s a Wonderful Life (1946)
Su primera película tras regresar de la Segunda Guerra Mundial fue este film de Capra, y su actuación como George Bailey le valió una nueva nominación al Óscar. En ese momento la película fue un fracaso comercial. Décadas después se convirtió en una de las más amadas de la historia del cine, y con razón. Lo que Capra y Stewart construyen aquí no es un cuento navideño: es una exploración genuinamente oscura sobre el peso de la vida no elegida. Stewart juega con una amargura que sorprende, y el resultado final no se siente como un final feliz sino como una rendición honesta.

Rear Window (1954)
El primero de sus cuatro trabajos con Alfred Hitchcock que merece considerarse una obra maestra. Stewart interpreta a un fotógrafo convaleciente que espía a sus vecinos desde la ventana y convence a su novia —interpretada por Grace Kelly— de que uno de ellos ha cometido un crimen. Hitchcock usa la inmovilidad del personaje como un dispositivo formal brillante: toda la película ocurre desde ese apartamento, desde esa ventana, desde ese punto de vista. Stewart y Hitchcock colaboraron en cuatro films que incluyen también Vértigo, considerado uno de los grandes de la historia. La ventana indiscreta es quizás el más perfecto en términos de construcción cinematográfica.

Vertigo (1958)
Aquí Stewart ya no es el hombre honesto. Interpreta a un detective con acrofobia que desarrolla una obsesión enfermiza hacia una mujer que luego intentará —literalmente— reconstruir en otra persona. Es la película más perturbadora de Hitchcock y también la más honesta sobre el deseo masculino como forma de control. El personaje de Stewart grapple con el miedo, la obsesión y la identidad de una manera que redefinió lo que el actor podía hacer en pantalla. Durante décadas fue considerada un fracaso; hoy aparece en el primer lugar de prácticamente todas las listas de las mejores películas de la historia.

Anatomy of a Murder (1959)
La menos recordada de las cinco, y probablemente la más subestimada. Otto Preminger dirige este thriller judicial sobre un abogado de provincia que defiende a un militar acusado de asesinar al violador de su esposa. La película es larga, lenta, clínica y completamente fascinante. Stewart construye un personaje con ambigüedad moral real: no es el héroe de Capra ni la víctima de Hitchcock, sino alguien que trabaja dentro del sistema sin hacerse ilusiones sobre lo que el sistema es. La actuación le valió una nominación al Óscar y hoy se la considera una de las mejores actuaciones de su carrera.

Lo que Stewart dejó
Trabajó con Alfred Hitchcock, John Ford, Billy Wilder, Frank Capra y Anthony Mann. Esa lista de directores describe también la amplitud de un actor que nunca quedó atrapado en un solo registro. Cuando ganó el Óscar por The Philadelphia Story, Stewart regaló la estatuilla a su padre, quien la exhibió en su ferretería en Indiana, Pensilvania. El gesto dice mucho sobre el tipo de figura pública que eligió ser.
Su cine sigue siendo accesible, urgente y, en los mejores casos, profundamente incómodo. Eso es lo que dura.